2 de junio 2015 - 00:00

Sophie Calle: despecho y duelo como estrategias

Sophie Calle, lejos de toda forma de privacidad, transforma un despecho amoroso propio en una muestra multidisciplinaria itinerante.
Sophie Calle, lejos de toda forma de privacidad, transforma un despecho amoroso propio en una muestra multidisciplinaria itinerante.
 La artista Sophie Calle (París, 1953) presenta "Cuídate mucho" en el Centro Cultural Kirchner, en el marco de la exitosa BP.15 Bienal de Performance. Al igual que el film "No Sex Last Night" que exhibe el Malba, la obra hunde sus raíces en el drama romántico. Los amores desencontrados de la pionera en mostrar la vida privada ante el público derivaron en una inagotable performance: 107 mujeres leen el correo donde su novio le anuncia que la abandona, y le recomienda: "Cuídate mucho". Todas ellas opinan y, así, una situación dolorosa pero simple, genera una intriga compleja y el público queda atrapado en la historia. Al fin de la entrevista con este diario, poco antes de la inauguración, Calle reconoce la importancia del espectador. "Si no tengo público no puedo seguir. No vivo de otra cosa, económicamente dependo de esto y el problema mayor es psicológico. El público te hace pensar el proyecto, imaginarlo para una multitud".

Periodista: El escritor tiene su lector modelo, ¿el artista tiene su espectador?

Sophie Calle:
Yo tenía mi espectador modelo, era mi padre. Cuando lo perdí ya sabía lo que quería. Hice cosas para sus ojos.

P: Recuerdo una tarde de gloria en la Bienal de Venecia del año 2007, el público la ovacionaba en el ingreso al pabellón de Francia.

S.C.:
Si. Había presentado "Cuídate mucho", la misma obra que exhibo acá.

P.: Es una obra difícil de interpretar. La presencia de tantas mujeres (107, y en Buenos Aires sumó siete hombres más) para leer un correo donde su novio pone punto final a la relación, se percibe como una respuesta ansiosa que no conduce a ningún lado, más que a la búsqueda por la búsqueda en sí misma. ¿Qué sentido tiene esta obra y cuanto hay de ficción y realidad?

S.C.:
No es ficción y no es realidad. Es una mezcla. No cuento una invención sino algo real. Pero no es la realidad porque no cuento mi vida, sino un momento dado que me interesa. No es un blog, no es un diario. Es un trabajo, busco palabras, estilo, busco expresar poesía. En este sentido es ficción, pero no es ficción porque no lo inventé.

P.: Estas 107 opiniones, ¿la ayudaron a llegar a alguna conclusión?

S.C.:
No. No hice una encuesta ni busqué una respuesta. Es un trabajo artístico. Me interesaba la adición de puntos de vista. No he tratado de entender a través de ellas. Mi respuesta a la carta es la suma de las107 mujeres.

P.: Uno, dos, tres, cien opiniones, ¿agregan algo?

S.C:
Si, porque busqué únicamente mujeres que son intérpretes. Una me llevó a la otra. La socióloga me hablo de otras especializaciones. Lo de las actrices es por culpa de Venecia. Yo estaba en el pabellón francés, tenía que exponer esto en francés en un territorio internacional, tenía miedo de que no entiendan el francés y puse bailarinas, actrices, cantantes. El lenguaje corporal es internacional. Fue una necesidad en Venecia.

P.: Su madre murió antes de esa Bienal de Venecia. Usted relata que la invitaron a participar y decidió filmar su muerte. ¿Qué sintió al presentar la agonía de su madre ante el público?

S.C.:
Ayudó mucho hacer algo con esto. Tener que pensar cómo exhibirlo.

P.: ¿Lo volvió más soportable?

S.C.:
Estoy con ella cada vez que tengo una exposición que trata sobre mi madre. Esta aquí en el cuarto. El olvido es terrible. A ella le hubiera gustado cómo la muestro.

P.: ¿No hay límite para mostrar la intimidad?

S.C.
: Mi madre pedía ser el centro de atención y que trabaje sobre ella. Cuando le puse la cámara enfrente me dijo: "Por fin". Esas fueron sus palabras. Mi padre era distinto, hubiera puesto el grito en el cielo. La misma acción con mi padre, sería un acto agresivo; con mi madre fue un acto amoroso.

P.: ¿Trabajó junto a su madre cuando ella contrató un detective para que la siga?

S.C.
: Si. Era un juego. El Pompidou me pidió un autorretrato para una exposición. Con este tema pensé en mi madre, ella quería participar de lo que yo hacía, estar más conmigo. Pero trabajo más sobre su ausencia. No trabajo para la familia, ni para ser mejor o entender algo. Trabajo para hacer una obra de arte. Si me acerco más a mi madre, muy bien. Pero mis motivos y mi motor no son psicológicos, son artísticos. No es sociología, no trato de probar algo. Quiero hacer obras de arte y punto. Si quiero estar mejor voy a la calle y me compro algo, un vestido.

P.: ¿Quién la invitó a la Argentina y cuál es su cachet?

S.C.:
Graciela Casabé quería traer esta exposición desde que la vio en Venecia. Vine, pero para cada proyecto hay problemas económicos y de sitio. Finalmente encontró el sitio adecuado donde voy a estar. Pero Casabé peleó desde Venecia, estoy aquí únicamente por su voluntad. No me pagan un cachet. La exposición cuesta dinero, los seguros, el traslado. Hay un costo de mi equipo que viene a instalar, desinstalar, es una producción. Es imposible decir el costo. Tuvimos que construir un escenario porque no podíamos clavar y eso interfiere en los gastos. Han fabricado muchas cosas aquí y no conozco el presupuesto. Es muy complicado.

P.: ¿Cuál es su trabajando actual?

S.C.:
Tengo diferentes proyectos. El milagro para mí es encontrar una idea con un potencial artístico e intelectual. Tengo ideas que no llevan a ningún sitio, que no veo cómo desarrollar o que se vuelven crueles o vulgares. Tengo menos ideas que antes pero no me angustia la idea de seguir. Lo más duro es seguir. Pero creo que si no sigo no será un desastre para mí.

P.: ¿Cómo es su vida de artista y cómo funciona en Francia el sistema del arte?

S.C.
: Estoy bastante protegida en mi mundo, hago lo que me gusta. Soy artista. No estoy bajo el poder o la dominación. Estoy, como mucha gente, bajo dominaciones económicas. Veo lo que pasa alrededor, no soy ciega, pero personalmente estoy protegida. En Francia hay instituciones que ayudan. Otro artista va a decir que no. Yo soy autónoma, me las arreglo y no dependo de una institución. No soy joven y logre independizarme. Un artista de 20 años no va a decir lo mismo, ahora es más difícil. Pero yo arreglé este problema hace 50 años.

P.: ¿Dónde aprendió a hablar tan bien el español?

S.C.:
Soy aficionada a los toros.

Entrevista de Ana Martínez Quijano

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