1 de marzo 2010 - 00:00

Soros le apunta a Europa

Otmar Issing, uno de los padres de la moneda común, apuntó claramente el principio sobre el cual se fundaba: se aspiró a una unión monetaria, pero no política. Los estados miembros de la zona euro constituyeron un banco central común, pero se negaron explícitamente a resignar su derecho a gravar a sus propios ciudadanos y cederlo a una autoridad común.

Este principio, sin embargo, está visiblemente errado. Una moneda «hecha y derecha» exige tanto un banco central como un Tesoro. Cuando el sistema financiero corre el riesgo de colapsar, la autoridad monetaria puede ofrecer liquidez, pero sólo el Tesoro puede resolver problemas de solvencia. Issing se reconocía entre quienes creían que «fundar una unión monetaria sin haber establecido una unión política era poner el carro delante del caballo».

Así la Unión Europea fue cobrando vida paso a paso, con el carro delante del caballo. Y esto válido también para el euro. La crisis de 2008 reveló las fallas en su construcción, ya que cada país rescató su propio sistema bancario en lugar de hacerlo de manera conjunta. La crisis de la deuda griega no hizo otra cosa que profundizar estos problemas.

Anteriores gobiernos griegos ya se habían encargado de violar los límites impuestos por el Tratado de Maastricht. El de Papandreou, por su parte, elegido bajo el mandato de poner las cosas en orden, admitió que el déficit fiscal había trepado al 12,7% del PBI en 2009, sorprendiendo tanto a

las autoridades comunitarias como a los mercados.

Las autoridades europeas aceptaron el plan griego de reducción gradual del déficit, pero los mercados todavía no se quedan tranquilos y la prima de riesgo sobre los bonos soberanos de Grecia sigue en el orden de los tres puntos porcentuales, privándola de un considerable beneficio de pertenecer al euro (esto es, refinanciarse a la tasa de descuento oficial).

Grecia podría no salir del aprieto de no recibir ayuda externa. En reconocimiento de esta necesidad, el consejo

de ministros Ecofin se comprometió a «salvaguardar la estabilidad financiera en la zona del euro en su totalidad», pero todavía no dispone de un mecanismo para hacerlo, porque los actuales acuerdos institucionales no ofrecen ninguno.

La solución más efectiva sería emitir eurobonos para refinanciar, digamos, el 75% de la deuda con vencimiento para reducir el costo del financiamiento para Grecia. Pero esto es políticamente imposible hoy en día, porque Alemania se opone a dar rescate a sus socios derrochadores. Por lo tanto, se tendrán que encontrar acuerdos provisorios.

La asistencia provisoria será suficiente para permitirle a Grecia salir adelante, pero eso deja afuera a España, Italia, Portugal e Irlanda. Juntos, constituyen una porción demasiado grande de la zona euro como para que se los ayude sobre la base de acuerdos provisorios. Aún si la Unión maneja exitosamente la crisis actual, ¿qué sucederá con la próxima?

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