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Spinetta y una larga noche de rock nacional que nadie olvidará
Solo, junto a músicos de sus embleáticas ex bandas, y a amigos como Charly García, Luis Alberto Spinetta brindó un inolvidable recital de más de cinco horas de duración en el estadio de Vélez.
El concierto con el que Luis Alberto Spinetta festejó sus más de 40 años de historia musical y sus casi 60 de edad (los cumplirá el próximo 23 de enero) quedará en el recuerdo de todos los que allí estuvieron por varias razones. La primera, aunque no la principal, porque podría competir por un lugar en los récords Guiness: no es para nada habitual que un recital de un solo artista atraviese cinco horas y media de música y mantenga la atención del público hasta el final. Pero además, y fundamentalmente, porque quien estuvo al frente de ese show es uno de los artistas centrales del rock argentino, que ha transitado músicas y estilos diferentes, que ha podido llegar con éxito a dos -y hasta tres- generaciones de seguidores y que, al frente de muy distintos grupos, ha dado muchas de las mejores canciones que se han escrito en nuestro país.
Salvo la puesta, mucho más apta para un teatro que para un estadio de fútbol -sencilla, con pantallas pequeñas, poco ajustada en los cambios de escenario-, todo fue descomunal. Sólo interrumpido por un breve intervalo artístico -y otros, obligados por cuestiones técnicas-, Spinetta recorrió más de 50 temas. Partió desde el presente, con su banda actual, integrada por Nicotra, Vadalá, Verdinelli, Cardone, y fue retrocediendo cronológicamente. Después de un arranque con «Mi elemento» alrededor de las 10 de la noche, terminaría a las tres y media del día siguiente con una serie de bises entre los que estuvo «8 de octubre», una pieza que escribió junto a León Gieco para recordar a los chicos del accidente del colegio Ecos, con Ricardo Mollo como invitado.
Pero, por supuesto, en el medio de todo eso pasaron muchísimas cosas. Fueron desfilando músicos que integraron las distintas formaciones de Jade (Mono Fontana, Juan del Barrio, Diego Rapoport, Leo Sujatovich, Beto Satragni, Lito Epumer). Convocó a varios integrantes de su familia: sus hijos Dante y Valentino para una versión rap de «Necesito un amor» de Javier Martínez, y su hermano Gustavo. Rearmó Los Socios del Desierto con Marcelo Torres en bajo y Javier Malosetti en una poco conocida faceta de baterista, en reemplazo del fallecido Daniel Wirtz. Tuvo a su lado, reverenciándolo y compartiendo canciones, a varias de las mayores figuras del rock vernáculo: Charly García, para «Rezo por vos»; Fito Páez, en «Las cosas tienen movimiento» y «Asilo en tu corazón»; Gustavo Cerati, en «Té para tres» y «Bajan»; y Juanse, en «Adónde está la libertad» de Pappo.
Además, homenajeó a viejos amigos como Miguel Abuelo, con «Mariposas de madera», y Litto Nebbia, con «El rey lloró».. Pero, por cierto, lo más emotivo -aún con el fresco nocturno que se fue acentuando con el correr de las horas, más el cansancio por la maratónica jornada- llegó en la larga segunda parte. Fue entonces el momento en que se reunieron Invisible (Machi Rufino en bajo y Pomo Lorenzo en batería), Pescado Rabioso (Bocón Frascino y David Lebón en bajo, Black Amaya en batería, Carlos Cutaia en teclados), y Almendra (Edelmiro Molinari en guitarra, Emilio Del Guercio en bajo y voz, Rodolfo García en batería). Esos fueron los momentos que muchos pensaban imposibles, como volver a escuchar -y ver- con sus formaciones originales emblemas de nuestra música como «Durazno sangrando», «Jugo de lúcuma», «Amor de primavera», «Credulidad», «Despiértate nena», «Me gusta ese tajo», «Fermín», «A estos hombres tristes», «Hermano perro» o, claro, «Muchacha (ojos de papel)».


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