12 de septiembre 2014 - 00:00

SU DINERO PERSONAL: como Menem, el sueño del vino propio

“Beber el vino de mi propia viña: ése es el negocio en el que me gustaría invertir. Pero no sé si realmente me dan los números para ser dueño de una fracción de viñedo. Por eso requiero información sobre la posibilidad de comprar una parcela de tierra, su inversión inicial y su rentabilidad en caso de comercializar el producto final en el país o en el extranjero”. (Pedro Marzol, Córdoba).

SU DINERO PERSONAL: como Menem, el sueño del vino propio
Capitalizar los ahorros siendo dueño de una hectárea de viñedo. Ésa es la idea principal de esta apuesta, en su mayoría elegida por quienes quieren combinar el placer que les brinda el vino con la posibilidad de obtener una renta.

El plus es que la etiqueta de la botella puede llevar el nombre del inversor. Y el mejor ejemplo de esto lo explican varias celebridades. Hoy, existe la posibilidad de tomarse un Malbec Francis Coppola o un Cabernet Sauvignon Gerard Depardieu. ¿Y por qué no un trago del mejor vino de Bob Dylan o un chardonney de Sting? A nivel local, se puede disfrutar de un tinto Santaolalla bajo la etiqueta que lleva el nombre de su hijo "Don Juan Nahuel" o bien un blend con el dulce sabor de Pedro Aznar.

Pero no todos son tan exitosos. Cabe recordar los vinos Saúl Menem, pertenecientes al expresidente, que tuvieron una comercialización efímera. Hace unos años, la marca pasó finalmente a manos del empresario teatral Carlos Spadone, quien decidió cambiarle el nombre a la etiqueta.

Dado que no es necesario ser una estrella cinematográfica o un cantautor para apostar a este tipo de emprendimiento, consultamos a Sergio Villanueva, director de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) y director ejecutivo del Fondo Vitivinícola de Mendoza, quien dio un panorama de la situación que está atravesando la vitivinicultura.

Según explicó, se está viviendo un momento de transición en el negocio de la vid. Si bien sostuvo que no es el mejor momento para invertir, opinó que en el mediano a largo plazo, el sector encontrará un equilibrio, sumado al descubrimiento de nuevas zonas vitivinícolas en el país. Por su parte, Eduardo Garcés, presidente de la Federación de Viñateros y Productores Agropecuarios de San Juan, aseguró que la distorsión de precios en la cadena de valor es lo que mayormente perjudica el negocio. Ejemplificó: al productor le cuesta 2 pesos cada litro que produce, a las góndolas se lo vende a 3 pesos y llega al cliente 57 pesos más caro.

Dado que se necesitan alrededor de 2 millones de dólares para instalar una bodega que produzca vinos a escala, existe la posibilidad de participar en un fideicomiso vitivinícola que no requiere de semejante inversión. En estos casos, el desembolso inicial para la compra de estas tierras, parte de los 60 mil hasta llegar a los 120 mil dólares, en forma de cuotapartes. Se puede comprar una hectárea implantada, por ejemplo de Malbec, y eso incluye la bodega, la maquinaria, el personal que trabaja la tierra, los insumos, etcétera. Costos que en el último año aumentaron más que la inflación, al menos la acumulada del 15% que sostiene el INDEC.

De todas maneras, la inversión inicial varía de acuerdo con cada tipo de fideicomiso. Su precio depende del tipo de suelo explotado, ya que cada uno guarda características distintas; la calidad y la variedad de la uva producida; los insumos utilizados, tal como los métodos de riego y los herbicidas. Incluso, algunos eligen combinar la compra de viñedos con otros negocios inmobiliarios.

En lo que respecta al retorno, la mayoría de las empresas que manejan estos proyectos hablan de un 15% anual, con una renta perpetua. Pero Garcés tocó un punto que no escapa de la realidad. "El problema que evidencian hoy quienes apuestan a los viñedos se replica en la mayoría de las economías regionales, ya que no se logra cubrir los costos que implica producir un vino", aseguró.

Sumado a esto, la rentabilidad aparece a mediano plazo. El primer año se desarrolla la raíz de la vid, a la que le toma cuatro años dar racimos. En el sexto año finalmente aparece el resultado monetario.

A la hora de la comercialización, tanto el mercado interno como externo tienen sus particularidades, cada uno atravesando paradigmas diferentes. Villanueva aseguró que, en cuanto a la exportación, la Argentina venía creciendo en los últimos años al ritmo de dos dígitos. Sin embargo, hoy las ventas están amesetadas. Coincidió Garcés, quien fue un poco más negativo en cuanto al panorama vitivinícola del país. Explicó que se volvió muy difícil colocar los vinos nacionales en el mercado externo, dado que los precios no son tan competitivos. El dato lo expuso el Observatorio Vitivinícola Argentino, que en un reciente informe aseguró que el resultado de las exportaciones de vino en el primer cuatrimestre del año mostraron caídas, tanto en volumen como en valor. Su contracara muestra que lo positivo de apuntar a este mercado es que "afuera sos Argentina y eso es lo que importa, la marca país juega muy fuerte", dijo Villanueva.

En cuanto al mercado interno, Villanueva aseguró que si bien el vino es una bebida arraigada a la mesa, es definitivamente un mercado de marcas. Por lo tanto, comprar una pequeña parcela para producir vino bajo un nombre que no está posicionado es una competencia prácticamente imposible de ganar. Implica esto enfrentarse a las grandes ligas: Rutini, Catena Zapata, Luigi Bosca. Teniendo en cuenta que, si se compra una hectárea la escala de producción es pequeña (de 300 a 500 vinos), lo que se puede hacer es optar por un circuito donde se venda el producto artesanalmente. "No es un gran negocio, pero sí posibilidad de venta", aseguró el experto.

En tiempos volátiles como los actuales, cuando las injerencias climáticas influyen en el producto final, en un ambiente donde los insumos aumentaron después de la devaluación, el viñedo es prácticamente una inversión de lujo. Se recomienda para quien sea capaz de esperar el retorno saboreando un buen vino, sin apresurarse. .

Para responder a esta consulta contactamos a Ariel Simondet, del estudio jurídico que lleva su apellido. Según explicó, para cobrar una pensión por fallecimiento, el primer paso es que el conviviente se dirija a la ANSES a hacer una probatoria para acreditar la convivencia.

Para expresar haber convivido en aparente matrimonio se deben otorgar todas las pruebas necesarias: desde dos testigos, hasta datos de una cuenta bancaria en la que ambos estén como cotitulares; lo mismo con la prepaga o la tarjeta de crédito. Además, adjuntar copia de la partida de defunción del fallecido si su dirección coincide con la de la cónyuge. El siguiente paso es un acta a realizar en un CGP donde declarar la convivencia.

Pueden parecer accesibles los datos probatorios, pero según el abogado, la ANSES es muy detallista a la hora de determinar si la convivencia realmente existió. Para ello, se visitan vecinos, se les hacen preguntas sobre los convivientes y se mira con detalle la papelería.

La viuda cobra pensión siempre y cuando el fallecido haya cumplido con alguno de los siguientes requisitos. Haber aportado como mínimo 30 meses dentro de los 36 anteriores a la fecha de fallecimiento del afiliado, o bien haber aportado como mínimo 18 meses dentro de los 36 anteriores a la fecha de fallecimiento del afiliado. La última opción implica haber aportado 12 meses dentro de los últimos 60 anteriores a la fecha de fallecimiento y poseer la mitad del total de años exigidos, que son quince. En este caso, el solicitante puede alcanzar el requisito de aportes, computando servicios por declaración jurada.

@AndyGlikman

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"Viví con mi pareja durante 25 años. Tras su fallecimiento, me sugirieron acceder a una pensión por viudez, dado que él realizó aportes durante 30 años. Quiero saber cuáles son las condiciones para poder cobrarla, considerando que no estábamos casados" (Estela Shusbitz, Almagro)