Largo, agotador e impredecible, el conflicto de Kraft no es el único que mantiene en alerta al Gobierno y al gremialismo peronista. El biotipo que se expresó en la ex Terrabusi, de corte basista inducido por los grupos de ultraizquierda, tiene una expresión casi permanente en otro rubro: los subtes. Allí, como en Kraft, el sindicalismo -acusado de burócrata- no pudo frenar las embestidas ni contener una avalancha que para la UTA puede derivar en un conflicto más serio si, en la Justicia, amparados en el fallo de la Corte, los «trabajadores de subterráneos», de formación izquierdista, logran lo que buscan: la personería gremial para crear su propio sindicato en el subte, abandonando a la UTA de Roberto Fernández.
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