“Pertenecer a la farándula era un orgullo, en cambio ahora está ligado a lo mediático”, dice Omar Calicchio, quien protagoniza “La gran farándula”, un homenaje al teatro nacional argentino de los tiempos de los hermanos Podestá, Luis Sandrini, Tita Merello y las hermanas Bozán. Completan el elenco de este musical Anita Martínez, Julián Pucheta, María Rojí, y Nicolás Scarpino. El libro, letras y dirección son de Gastón Marioni y la música original y dirección musical está a cargo de Hernán Matorra (“Asesinato para dos”). Se estrena el domingo 2 de junio en el CC 25 de Mayo y seguirá hasta septiembre. Dialogamos con Calicchio.
Un tributo a la farándula en sus años de esplendor
La producción, con libro y dirección de Gastón Marioni, y música original de Hernán Matorra, se propone recuperar y presentar a las nuevas generaciones figuras como las de Luis Sandrini, Tita Merello y las hermanas Sofía y Olinda Bozán, además de remontarse a los tiempos de los Podestá.
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Periodista: ¿Cómo es este homenaje al teatro argentino?
Omar Calicchio: Empezamos con los Podestá, creadores del circo criollo, de donde todo se desprendió después. Contamos, con humor y música, la historia de un grupo de gente que se reúne para salvar el último teatro que está quedando en remate. Conviven allí diferentes estilos, la tragedia, el drama, los capocómicos. Además funciona como metáfora, en este país donde se está tan al borde del precipicio, el salvar al teatro tiene más implicaciones. Siempre estamos haciendo teatro, parece que nos estamos cayendo pero trabajamos en cooperativa. La obra se convierte en un homenaje también a nosotros mismos, a lo que hacemos para que este teatro y todo el teatro siga subsistiendo.
P.: ¿Quedan hoy vestigios de la época de oro del teatro argentino?
- C.: No sé si queda algún vestigio pero es bueno recordar y enseñarle a los jóvenes quiénes fueron aquellos que empezaron con todo esto, además de los Podestá, Sandrini, las Bozán, la Merello, Niní Marshall. Hay jóvenes que estudian teatro y otros que buscan ser sólo mediáticos, hoy la TV cambió los términos de lo que era la verdadera farándula.
P.: ¿La obra busca recuperar el buen sentido de la palabra farándula?
- C.: Petenecer a la farándula era un orgullo, en cambio en la actualidad está ligado a lo mediático. Con esto no digo que no me guste ver un programa de TV o participar si se trata de cantar o bailar, pero yo no serviría para ventilar mis intimidades, no me interesa. La TV es muy cruel, muy dura, no sé hablar de mí, sería un aburrimiento, en cambio puedo subirme a un escenario o improvisar tres horas pero desde la voz de un personaje.
P.: Después de “Mi perro López” y “No hay dos sin tres” vuelve al género. ¿Qué le atrae del teatro que no subestima a la platea infantil?
- C.: Trabajé con Hugo Midón, quien decía que no existe el teatro para chicos o para adultos y nos repetía que lo que el chico no entiende lo va a preguntar, y si la obra no lo responde es un error. Nunca hay que subestimar a los chicos, esta obra es una producción para la familia, con tres músicos en escena además de los actores y los excelentes profesionales en los diferentes rubros técnicos. Además lo hacemos en un teatro hermoso como es el 25 de mayo, emblemático, nuestro, recuperado, que stuvo a punto a perderse.
P.: Estrenó en el Cultural San Martín “Hotel Neurotik”, ¿de qué trata?
- C.: Es un varieté, un vodevill, un musical, de los mismos autores de “El cabaret de los hombres perdidos”, quienes me acercaron el material y nos presentamos al concurso del Cultural San Martín, donde quedamos seleccionados. Cuenta la historia de amor, locura y obsesión de Lady Margaret, una mujer particular que se hospeda en este hotel y que al reclamar sus valijas conoce a un botones con el que se obsesiona. La obra primero es un juego y más tarde aborda zonas más peligrosas y profundas, se pregunta qué se está dispuesto a hacer por amor.
P.: Le escapa al lugar del actor que espera que lo llamen y en cambio está siempre gestionando espectáculos.
- C.: Soy actor y tengo la suerte de que a veces me convoquen, otras veces llamo, hago lo que me decía Cibrián: “No es pedir trabajo, uno ofrece su trabajo” y otras veces tengo mi proyecto, busco producirlo y llevarlo a cabo como pasó con “Mi perro López”. También se dio con “Ni con perros ni con chicos”, que me regaló su autor y amigo, Fernando Albinarrate. Se la propuse a Laura Oliva, otra amiga, y queríamos un director que no fuera sólo de musicales. Entonces ella se la ofreció a Javier Daulte, con quien hacía en ese entonces “Quién es el Sr. Schmidt”, y él aceptó. La hicimos dos años en el Cervantes y fue un proceso largo, arduo pero maravilloso. Daulte hace el montaje de las escenas de la primera a la última, en continuidad, no saltea, traza un mapa lógico, hilvanó canciones y actuaciones de tal manera que todo empezaba y terminaba casi sin darse cuenta. Dos directores, Daulte y Lía Jelín, me demostraron que trabajaban con el error, con los silencios, admitían que no sabían cómo seguir. Que el director acepte eso lo hace humano, y demuestra que no se monta una obra, se vive, se analiza, se estudia, se va por un camino.


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