8 de junio 2016 - 00:00

Tecnovoto: Gobierno explora un modelo con desarrollo “criollo”

Adrián Pérez y Andrés Ibarra
Adrián Pérez y Andrés Ibarra
 Mauricio Macri dejó hilachas en su fantasía, que voceó en su campaña, de establecer la boleta electrónica como modelo electoral. Renunció al calendario único y a la creación de un ente electoral "a la mexicana" que regule el proceso y le quite exclusividad al Estado y a la Justicia.

Esos ítems quedarán para otra etapa porque el Gobierno decidió, para evitar tropiezos, enfocar su reforma electoral en un solo punto: evolucionar de la boleta de papel al tecnovoto.

El proyecto que terminó de redactar el Gobierno -en el que, finalmente, no se incluye ninguna propuesta para hacer optativas las PASO- impulsa la boleta electrónica que propone para 2017 aunque deja en manos del Estado el criterio de aplicarlo en todo el país de un tirón, en las próximas legislativas, o avanzar por tandas como sugieren algunos en el Gobierno.

Macri, de palabra, avisó a través de Marcos Peña que quiere que en 2017 se use el sistema electrónico en todo el país. Lo hizo a partir de propuestas, desde el ala política, para que el año que viene sólo se use el tecnovoto en las ciudades de menos de 100 mil habitantes. Con eso se cubre el 72% del padrón de electores pero se evitan las ciudades más complejas.

Macri, por ahora, insiste con la idea de ir por todo. La ley que llegará en estos días al Congreso, por lo pronto, no estipula plazos aunque indica que el sistema de la boleta electrónica deberá regir a partir de 2017. Del Ejecutivo -o de retoques en el parlamento- dependerá si se fija como dead line para su instrumentación las legislativas del año próximo.

Aparece, ligado a la cuestión de los plazos y la expansión -en todo el país hay 95 mil lugares de votación, lo que requeriría que haya al menos 130 mil "urnas" electrónicas- un elemento adicional. El proyecto que se armó en el ministerio de Rogelio Frigerio, y que coordinó Adrián Pérez desde la secretaria de Asuntos Políticos y Electorales, detalla el sistema y la mecánica pero no entra en el terreno más árido sobre contrataciones y demás, aunque delega en la Cámara Nacional Electoral (CNE), el poder de homologación y control. El tribunal que preside Alberto Dalla Vía logra, según la ley, algo de la centralidad que pretendía.

En Gobierno exploran una variante: que desde el Estado se desarrolle un software para usar en la elección y que, en paralelo, en vez de alquilar las máquinas de votación, se busque un formato por el cual se compren equipos que luego se pueda reutilizar con otros fines.

La idea, a simple vista, suena interesante. Se asegura que Andrés Ibarra, ministro de Modernización que está a cargo de la cuestión de sistemas informáticos, se pondrá a trabajar en esa idea. El antecedente es Brasil: allí, con otro modelo electoral, fue el Tribunal Electoral el que desarrollo el software para la votación. Pero entre la idea y la posibilidad hay un trecho. La chance de reutilizar las máquinas puede quedarse en la teoría. En los ensayos porteño y salteño, para citar los más conocidos, eso no se pudo hacer aunque al principio se manejó como alternativa.

El proyecto oficial fija como sistema electoral la boleta electrónica que a diferencia del voto electrónico, utiliza un soporte tecnológico para votar (una pantalla) pero emite un ticket que luego se coloca en una urna. Luego los mismos se cuentan y el resultado se vuelca en totem informático ubicado en el lugar de votación desde el cual se emiten los datos a los cómputos generales. Ese sistema, dicen en Gobierno, permite reducir de 4 horas a 90 minutos el tiempo en que tarda darse a conocer los resultados de la elección.

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