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Teme Israel desbande de refugiados desde Siria
El Ejército hebreo, en máxima alerta en la sensible región del Golán
Rebeldes del Ejército Sirio Libre exhiben a un policía del régimen de Bashar al Asad capturado en Alepo.
Ilyab y no Kunetra fue sede de choques por una razón sencilla: se trata de una población sunita, en la que anida la resistencia. Kunetra, en cambio, es de mayoría alauita, la rama del islam derivada del chiismo a la que pertenecen tanto al Asad como la élite de su Gobierno y sus fuerzas de seguridad.
Este periodista obtuvo esa información en el contexto de un viaje organizado por invitación del Centro de Cooperación Internacional de la Cancillería israelí (Mashav), que reúne a periodistas latinoamericanos.
Los alauitas constituyen cerca del 15% de la población siria y están concentrados en el sur y en el noroeste, sobre la costa, especialmente en la ciudad de Latakia. Temen, en caso de ser desplazados del poder por la actual rebelión, una venganza de la mayoría sunita, un escenario que convertiría los graves hechos de violencia actuales en, apenas, el prólogo de una larga cadena de sangre y guerra civil en el país.
El Golán es una meseta de 1.800 kilómetros cuadrados, de los cuales Israel controla 1.200. Ondulada, está habitada por unos 20.000 drusos (leales a Siria, pero que no constituyen un problema de seguridad en la actualidad) y otros tantos israelíes. ¿Por qué Israel permanece en esta zona rural, con algunas explotaciones agrícolas y ganaderas?
Por un lado, como se dijo, por su altura y por la ventaja estratégica que eso supone en caso de una nueva conflagración con Siria, un dato evidente pero cada vez más relativizado conforme la guerra se hace más tecnológica, guiada por satélites y sensores.
En segundo lugar, su también mencionada condición de prenda de canje de paz por territorios, lo que le permitiría a Israel «sacar de la cancha» del conflicto de Medio Oriente a otro gran jugador (el primero fue Egipto en virtud de los acuerdos de Camp David de 1979).
Tercero, por ser el lugar del que desciende el agua que baja por el río Jordán hacia el sur, un curso de agua nada espectacular para ojos rioplatenses pero vital y del que, dividido en afluentes que luego desembocan en el Mediterráneo, la vida realmente depende en esta zona. No alcanzará para la paz con una devolución territorial: la promesa de que Siria «no le cierre la canilla» a Israel deberá ser, inevitablemente, parte de la ecuación.
Pero para eso todavía falta mucho. Siria, primero, deberá solucionar sus dilemas, a sangre y fuego, lamentablemente, como se ve en estos días de vértigo.
Enviado especial a Israel


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