En Brasilia se dice que el político de 75 años, casado en terceras nupcias con una bella modelo de 32, tiene una cinta métrica en la lengua, con la que mide cada palabra que sale de su boca. "Piensa diez veces antes de decir buen día...", comentan analistas que conviven en los pasillos de la capital brasileña con el católico de porte impecable que supo integrar logias masónicas.
Al margen de su vida política, en la que se muestra más calculador que sentimental, Temer reforzó su aura misteriosa al publicar en 2013 un libro de poemas de título sugestivo: Anónima intimidad.
El reconocido abogado constitucionalista goza además de una especie de blindaje que lo mantuvo al margen de denuncias de corrupción que involucran a decenas de políticos, entre ellos líderes de su Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
Su notable capacidad de conciliar posiciones antagónicas y el enorme poder que forjó durante los once años que pasó al frente del PMDB fueron cualidades que lo llevaron a ser vice de Rousseff en las urnas en 2010 y 2014.
Nacido el 23 de septiembre de 1940 en la ciudad de Tieté, interior de San Pablo, Temer, padre de cuatro hijos, comenzó su carrera política en 1983, y dos años después asumió la Secretaría de Seguridad Pública de ese estado.
A partir de 1987 ejerció seis mandatos consecutivos como diputado federal y presidió la cámara baja en tres legislaciones.
Fue en el Legislativo donde el octavo hijo de una pareja de inmigrantes libaneses urdió las redes que hicieron de su PMDB la mayor fuerza política del país, que comanda las cámaras de Diputados, con Eduardo Cunha, y del Senado, con Renan Calheiros. Sin presentar candidato propio a la presidencia desde 1984, el PMDB tiene la mayoría de bancas en ambas cámaras y la mayor cantidad de gobernaciones regionales.
"El PMDB no es gobierno, pero ningún gobierno gobierna sin el PMDB", es la frase que define al partido centrista que lleva el ADN de su máximo líder.
También fue en el Legislativo donde en uno de los escasos altercados públicos en los que se le vio alzar la voz, Temer recibió el mote que lo persigue hasta hoy: "mayordomo de una película de terror".
Curiosamente, el hombre que mezquina palabras y cultiva el silencio protagonizó indiscreciones, para muchos premeditadas, a lo largo del proceso que acabó en la ruptura de la alianza entre el PMDB y el gobernante Partido de los Trabajadores (PT).
En agosto, un irreconocible Temer declaró: "La situación del país es grave. (...) Se necesita alguien con capacidad para reunificar el país". Sus palabras se interpretaron, de manera casi unánime, como una autoproclamación de salvador del país. Como consecuencia, poco después abandonó el rol de "articulador" entre el Gobierno y el Congreso que había asumido a pedido de Rousseff.
En diciembre, días después de que Cunha acogiera el pedido de "impeachment" de Rousseff que se votó ayer en la cámara baja, y sobre el cual no se pronunció, Temer envió a la Presidenta una carta que se filtró a la prensa de manera inexplicable hasta ahora. En la misiva, se quejó en tono dramático de haber sido un vice "decorativo" y acusó a Rousseff de no confiar ni en él ni en su partido.
En marzo, el PMDB, con su bendición, rompió con el Gobierno, dando lugar a una fuga de aliados que siguieron sus pasos y sumaran votos a favor del juicio contra Rousseff.
Hace un par de semanas, minutos antes de que una comisión parlamentaria se expidiera sobre el "impeachment", una nueva filtración, esta vez "accidental", dio a conocer un audio en el que el vice se dirige a la población y presenta las bases de un Gobierno suyo.
Desde entonces, en negociaciones a puertas cerradas y a media voz, una romería de legisladores lo visitaron en su residencia oficial, de donde salieron anunciando votos a favor o en contra del Gobierno. Es así que de firma inesperada, con movimientos sigilosos y calculada cautela, el hombre a quien según una encuesta reciente de Datafolha votarían en 2018 entre el 1 y el 2% de los electores, aguarda en la antesala del Palacio del Planalto la venia del Congreso para sentarse en el sillón presidencial del mayor país de Sudamérica.
| Ana María Pomi |
Agencia DPA


Dejá tu comentario