2 de julio 2018 - 00:00

Temor, esperanza e incertidumbre en una jornada histórica

La inseguridad rampante y la sucesión de escándalos conspiraron contra el partido que ha sido dominante en el país, el PRI.

Apuesta. Decenas de electores esperan en fila para emitir su voto en Sevina, estado de Michoacán. México inició ayer, con una mezcla de expectativa y de temores, una nueva era política.
Apuesta. Decenas de electores esperan en fila para emitir su voto en Sevina, estado de Michoacán. México inició ayer, con una mezcla de expectativa y de temores, una nueva era política.
Ciudad de México - Andrés Manuel López Obrador estuvo un buen rato esperando de pie junto a la reja. Llegó tempranísimo. Su local de votación aún estaba cerrado. Pero lo suyo es la paciencia. Empezó a esperar hace doce años.

Con traje oscuro y camisa blanca sin corbata, se apostó frente al centro de votación en la calle Insurgentes Sur en la zona capitalina de Copilco. Y aguardó más de hora y media hasta que pudo votar.

En todo el país los mexicanos acudieron a votar con una mezcla de sentimientos: unos decían que iban con esperanza, otros con enojo por la inseguridad y la corrupción, otros con miedo ante lo que consideran "el Hugo Chávez mexicano".

"Esperamos que las cosas mejoren. Están feas. La inseguridad, la economía", dijo Susi Sandoval, de 25 años, mientras hacía fila para votar en la sede de un sindicato en la calle Dublín, de Ciudad de México.

Detrás de ella Alejandro Fernández, de 32 años, dijo que encaraba las elecciones "con muchos ánimos por las circunstancias de cómo está el país". "La corrupción es el lastre de México", afirmó, aunque más que enojado dijo que se sentía "esperanzado" de que iba a haber un cambio en el segundo país más poblado de América Latina y segunda mayor economía de la región.

Sin embargo, el proyecto de López Obrador es para otros mexicanos una incógnita y fuente de incertidumbre, en un país con estabilidad económica y política, aunque con niveles récord de violencia y mucha desigualdad.

"Estoy con temor, básicamente con miedo de lo que va a suceder, lo que llegue a hacer si llega al poder. Me atemoriza que lleguemos a estar como Venezuela, que la clase media alta baje de posiciones y los pobres aumenten", dijo Verónica Vallarta, una mujer en sus cuarentas.

Los que no simpatizan con López Obrador quedaron diseminados entre dos opciones: el opositor de centroderecha Ricardo Anaya y el exministro sin militancia política José Antonio Meade, postulado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este último se vio afectado por los 29.000 muertos en un solo año, una seguidilla de escándalos de corrupción de funcionarios oficiales y la impopularidad del presidente Enrique Peña Nieto.

"Me da tristeza que la gente no está votando por el candidato del PRI por culpa de los malos gobernantes. La gente está votando por López Obrador por enojo", dijo Vallarta.

En tanto, para Gerardo Ismerio, contador de 40 años, quien votó por AMLO en la colonial ciudad Morelia, al occidente del país, "el tema principal fue la corrupción. Ya no hay límites: antes había corrupción pero hoy está atada en todos los niveles". Ismerio dijo no creer en verdad por ningún candidato.

La bandera de López Obrador fue la lucha contra la corrupción, además de que supo colocarse como el candidato antisistema sin serlo, ya que siempre ha militado en partidos políticos.

De origen humilde como hijo de pequeños comerciantes, López Obrador llegó a la política de joven en el estado de Tabasco. Fue miembro y dirigente del PRI en Tabasco entre 1976 y 1988. Se sumó luego a fuerzas de izquierda que fundaron en 1989 el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que lo postuló dos veces. Y en 2012 renunció a su militancia para fundar su Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Agencia DPA y Reuters

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