En las últimas 48 horas hubo dos desembarcos formales -e inmobiliarios- del sciolismo en zona sur: el lunes en Avellaneda y ayer en Lanús. Se trata de dos distritos populosos, donde el Frente Renovador ganó en las legislativas de 2013 y que están comandados por intendentes declarados ultra-K, Jorge Ferraresi y Darío Díaz Pérez. Este último, incluso, ganó alguna notoriedad cuando en un plenario con sus militantes derramó, invocando palabras de Cristina de Kirchner, varias parrafadas ácidas respecto de Scioli. Cada caso tiene su lógica puntual, pero configuran un perfil global. Veamos:
• La filial Scioli 2015 en Avellaneda la impulsa Martín Ferré, el protosciolista que ascendió a secretario general de la Gobernación, y fue patrocinado por el jefe de Gabinete, Alberto Pérez. Ferraresi viene de romper con Baldomero "Cacho" Álvarez y de transitar hacia el ultrakirchnerismo sobre su historia familiar y su militancia setentista. Tuvo, en ese tránsito, un desengaño: se pensó con un protagonismo mayor en las elecciones de 2013, donde Cristina de Kirchner eligió a Martín Insaurralde, y tropezó luego cuando pretendió quedarse con una butaca en la cúpula del PJ bonaerense, pero perdió la pulseada, lo que terminó de enemistarlo con el intendente con licencia de Lomas de Zamora. Ferraresi pidió, cuentan en La Plata, participar y hablar en el acto de apertura del local Scioli 2015 y lo hizo, más allá del vínculo que tiene con el candidato, porque repite un manual clásico de los jefes territoriales: ocupar todas las trincheras posibles. Con su presencia, lo que hace Ferraresi además de enviarle un guiño que Scioli agradece -de hecho, ayer lo visitó- es pisar esa franquicia para evitar que aparezcan otros espacios a hacer sciolismo explícito y que después se quieran sentar en la mesa de negociación.
• En su discurso, Ferraresi dijo algo que aparece como la matriz que une a los alcaldes con Scioli: el precepto de que una lista única a nivel presidencial evita que se ramifiquen los conflictos en los distritos. La existencia de dos postulantes en el primer escalón haría que aparezcan armados antagónicos en todos los territorios y eso complicaría a los alcaldes. "Encontrarán en mí a alguien que trabajará por la unidad del peronismo", dijo el alcalde que, además, se monta sobre una tarima alta: su imagen positiva está por encima del 60% y no aparece, ni dentro ni fuera del oficialismo, un candidato que ponga en riesgo su continuidad, aunque todo es discutible: en 2013 parecía imbatible, puso a su esposa y su apellido en la boleta, y perdió.
• Más inquietante es lo de Lanús, donde Díaz Pérez es un imán de malas noticias: su imagen está mal, perdió por escándalo, y luego de criticar con dureza a Scioli debe lidiar con el armado hiper-K que en el distrito impulsa Julián Álvarez, el neocamporista viceministro de Justicia, que se convirtió en el visible armador de un esquema que junta a exladeros de Manuel Quindimil, que juega contra Díaz Pérez y apuesta, aunque sus chances dependen de un dedazo de la Presidente, a convertir a Álvarez en candidato a intendente. Le ocurre lo que le ocurrió a Carlos Selva, de Mercedes, con "Wado" de Pedro. Selva migró al massismo, variante que no parece estar en las opciones de Díaz Pérez.
| Pablo Ibáñez |

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