28 de septiembre 2009 - 12:55

Terapia intensiva para los tótem de centroizquierda

El resultado obtenido ayer por los socialdemócratas alemanes marca mucho más que un cambio pendular, que tantas veces se ha dado en la historia. Tras la dulce derrota de 2005, que en realidad fue un empate que nadie esperaba entre Gerhard Schroeder y Ángela Merkel, el Partido Socialdemócrata (SPD) descendió ayer al 23% de los votos, con lo que, en su piso histórico, quedó bastante más cerca del tercer puesto que de liderar el sufragio.

La magnitud de la derrota de uno de los partidos de centroizquierda más emblemáticos de Europa no llama la atención en el contexto de las grandes potencias del continente, por lo que, con más razón, expresa más un rumbo que un reflejo circunstancial.

Otro tótem europeo, el Partido Socialista de Francia (PSF), ya quedó fuera de un ballottage presidencial en 2002, superado nada menos que por el neofascismo. Deambuló desde entonces entre derrotas y en las elecciones europeas de este año la acechanza vino por el lado de los verdes, lugar en el que abrevó el ícono de la rebelión de 1968 Daniel Cohn-Bendit. Otro tótem, el Partido Comunista Francés (PCF), también navega en sus aguas más bajas, pero un conjunto de fuerzas trotskistas agitan los resultados y roban votos al PCF y al PSF. Un joven cartero, Olivier Besancenot, de la Liga Comunista Revolucionaria, parece conmover más a los electores que toda la nomenklatura de los discípulos de François Mitterrand, envueltos en peleas inagotables.

Todo indica que la permanencia de los laboristas en el Gobierno británico es una cuestión de (poco) tiempo. En cualquier caso, ya saben que la paliza que se avecina sería congruente con el fondo tocado en los últimos comicios locales.

El escritor alemán Peter Schneider se lamentaba la semana pasada de la conducta de los radicales de izquierda de Kreuzberg, el barrio berlinés poblado tanto por alemanes como por turcos, atracción para progresistas, artistas y alternativos.

A Schneider no le molestaba la ira de los revoltosos, sino del hecho de que se la pasan incendiando autos de lujo, «pero no se ha roto ni una sola vidriera de un banco en toda Alemania».

Ante una mirada de izquierda como la de Schneider, podría parecer inconducente dirigir la furia hacia los autos, pero más allá de ello, el enojo y la rebeldía pasan hoy a años luz de votar a partidos como el SPD.

El declive de este partido tiene su contracara también en el resurgir de la izquierda de Oskar Lafontaine.

Los socialdemócratas no suman ni por izquierda ni por derecha. Nicolas Sarkozy, como es tradición en su país, mantiene una política externa no muy distinta a la que llevaría a cabo un rival socialista. Y la crisis se presentó como una oportunidad para...¡que los conservadores supieran reacomodarse en temas domésticos! Porque el propio Sarkozy, que no bien asumió supo robar para su Gobierno nombres emblemáticos del centroizquierda -y también lemas antiinmigración de la derecha dura- es el que ahora encabeza la cruzada contra los premios que se otorgaban los directivos de los bancos.

Tironeos

Y Merkel fue la que condujo, entre tironeos, las políticas algo heterodoxas y los planes sociales. Si democratacristianos se animan a romper fronteras más o menos hasta donde llegaban los socialdemócratas. ¿Qué tienen estos para ofrecer?

Por izquierda, descontentos, enfurecidos, descreídos y escépticos también sobran. Surgen partidos «anticapitalistas», «verdes», variantes trotskistas, ídolos mediáticos antisistema que ven a los socialdemócratas como parte del problema.

También por allí, aunque menos, el centroizquierda pierde votos. Suena prematuro decirlo, pero quizás, el esquema de alternancia que Europa conoció durante décadas esté próximo a dejar de existir.

Dejá tu comentario