2 de marzo 2009 - 00:00

Terror narco; Ciudad Juárez se queda sin policías

Ciudad Juárez, México - «Ya ni los gringos vienen por putas», protesta el cantinero apoyado sobre la barra vacía de un local desierto. Está enojado y lleva así varios meses. «Que se arreglen de una vez, pero que vuelva a correr la lana (dinero)», se lamenta mientras abre una Tecate (cerveza local) tras otra.
El zumbido de los helicópteros forma parte del bullicio diario junto al puente fronterizo que conduce a El Paso (Texas). Una banda sonora a la que se acostumbraron los dos millones de habitantes que viven en Ciudad Juárez. La urbe vive sumida en el caos, con cifras récord de muertos y sin ningún jefe policial vivo después que los dos últimos renunciaran minutos después de que sus subordinados fueran acribillados.
Tras la ejecución de 80 policías en 2008, el secretario de Seguridad Pública desertó la semana pasada y ya está viviendo a más de 3.000 kilómetros de la ciudad fronteriza. La más peligrosa de México.
Su silla, su puesto y hasta el despacho, cama incluida, en el que vivió encerrado como en un búnker durante nueve meses hasta su dimisión, siguen esperando un sustituto que no llega a pesar de un sueldo envidiable para cualquier alto mando. Nadie quiere ser el siguiente en caer abatido porque nadie recuerda algo como lo que está pasando aquí.
«Mira que en Juárez siempre ha habido malandros y hemos convivido con la droga, las ejecuciones o los feminicidios, pero lo de ahora nunca se había visto». Ni más ni menos que 1.600 muertes en 2008, un tercio de los homicidios en todo el país durante uno de los períodos más sangrientos de la historia reciente de México.
No son pocos los que piden que el Gobierno se siente a negociar con los carteles de la droga con tal de poner fin a las masacres y la desolación que vive la ciudad. Lugar que en su época dorada fue visitado por Marilyn Monroe y Frank Sinatra, pero que hoy atraviesa una cacería sin precedentes.
Problemas
Una situación que, según los expertos y con muchos matices, se puede resumir así: los carteles de la droga mexicanos cada vez tienen más problemas para mover la droga e introducirla en Estados Unidos. El resultado es que grandes cantidades de cocaína se están quedando en México, dando paso a un nuevo mercado, descuidado hasta ahora por los grandes carteles del narcotráfico, que sólo utilizaban al país azteca como lugar de tránsito y no como consumidor. Las principales organizaciones, fragmentadas y enfrentadas entre sí, más que mantener abiertas las tradicionales rutas de paso, apostaron por hacerse con el control de los estados, de las ciudades, de los pueblos y, claro está, de la Policía. Para ello aplican la receta de siempre en la frontera; dinero para el que quiera y plomo para el que se resista.
Precisamente, controlar a la Policía de la ciudad fronteriza es la gran batalla que libran en Ciudad Juárez los carteles de Sinaloa y Juárez, explica el alcalde de la localidad, José Reyes. Una batalla que cuenta con un tercer ingrediente para entender lo que sucede.
Penetrada hasta el rincón por los narcos, poco después de que dimitiera el último jefe de la Policía, el Gobierno de Calderón eligió a un ex militar, un mayor del Ejército con fama de duro, para que llevara a cabo una depuración que nadie se atrevía a emprender. El comandante Roberto Orduña Cruz echó casi al 50% de la plantilla, 600 agentes de una corporación de 1.400, y destituyó a todos los mandos y comandantes al frente. Una osadía imperdonable que le costó el puesto minutos antes de que le costara la vida. Caso similar al de su predecesor, Juan Antonio Román, y su vice, Rodolfo Ramírez.
Además de depurar la Policía por sus fuertes lazos con los narcos, el municipio decidió aumentar a 13.500 pesos (unos 700 euros) el sueldo base de los uniformados, darles casa y seguro de vida, convirtiéndolos de paso en los mejor pagados del país. Pero aun así, sigue siendo imposible para las autoridades completar las 4.000 plazas que harían falta para garantizar la seguridad. Entre los mandos, el panorama es aún más desolador, y, a pesar de un sueldo de 55.000 pesos (casi 3.000 euros), es casi imposible encontrar un jefe de la Policía en quien poder confiar.
Hasta el momento, de los 1.100 ejecutados en todo México en este año (entre civiles, policías y militares), Chihuahua y su principal motor económico, Ciudad Juárez, concentran el 40% de las muertes. Un asedio que puso a la ciudad al borde del descontrol y a las autoridades estadounidenses en estado de alerta ante un fenómeno que amenaza con traspasar la frontera.
Así las cosas, el Gobierno central y el Ayuntamiento decidieron que sea el Ejército mexicano quien tome el control de la guardia municipal en un intento por reconducir la situación de la mano de la única esperanza que le queda al presidente Calderón en su intento por ganar esta guerra.

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