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Terrorismo vuelve al centro de la agenda
La decisión del estadounidense de abrir lugar en la agenda para la Argentina tras el viaje a Cuba es de por sí una de las señales más claras que dio Washington de estar dispuesto a levantar la oferta que lanzó Macri. No es usual que la Casa Blanca reprograme con tan poco tiempo la agenda del presidente. La primera señal de este viaje la había dado Susana Malcorra cuando aún no había asumido el nuevo Gobierno. En los pasillos de la ONU, John Kerry le había anticipado que el cambio de Gobierno en Buenos Aires le venía a medida a Washington para sumar al bordado de un legado de acercamiento a Latinoamérica que Obama quería dejar al final de su mandato, tras años de baches diplomáticos de EE.UU. en la región, que fueron acompañados de reacciones casi de estudiantina.
Macri no quiere abundar demasiado en esa época y prefiere un relanzamiento hacia adelante. "Esta visita tiene que hablar más del futuro que del pasado". La definición fue de Marcos Peña, pero la sigue todo el Gobierno de Cambiemos casi como una letanía.
La izquierda querrá seguramente confundir esa visión hacia adelante con el debate por la participación de los Estados Unidos en represiones y dictaduras del pasado. El propio Obama lo desmintió hace un tiempo cuando marcó uno de los ejes centrales de la agenda que se inicia hoy: mostrar a Macri como un referente de los derechos humanos en Latinoamérica y reclamar para su visita a Buenos Aires una pasada por alguno de los lugares emblemáticos de recuerdo a victimas de la dictadura. Es el segundo favor que Macri le deberá al estadounidense.
Obama condenó ayer desde Cuba los atentados de ISIS en Bélgica. Pidió al mundo que se una para luchar contra ese flagelo. Esa definición será central también su paso por la Argentina. Además de los convenios que se firmaron en la previa a su llegada y los que se firmarán, como el que vuelve a activar la cooperación entre ambos países en los controles antilavado congelado el año pasado por las malas prácticas de la Argentina en materia de cuidado de esa información sensible, esta visita reforzará áreas de cooperación de las que el país en los hechos nunca se retiró; pero que escondió en medio de juegos con los populismos demagógicos de la región.
En materia de lucha contra el terrorismo Argentina siempre votó en los organismos internacionales en línea con las resoluciones que los Estados Unidos le pedían al mundo. Esa base permitió que una relación fría en las formas, como la que tuvieron los Kirchner con EE.UU., mantuviera por debajo todas las líneas de comunicación activas. El memorando con Irán y la confusión de que ese acuerdo debía ser leído por el mundo en la misma línea que las negociaciones encabezadas por Washington para el desarme nuclear de Teherán, rompieron ese equilibrio.
Macri no quiere restablecerlo sino directamente relanzar la relación con la Casa Blanca. Con Obama o quien lo suceda, el combate al terrorismo, el financimiento de esas actividades y el control del lavado de dinero, sea cual fuere el delito precedente, volverán a ser temas centrales para la relación entre ambos países, como lo es con cualquier otro aliado de los EE.UU. Si cabe alguna duda sobre el protagonismo de esa cuestión en esta visita, los atentados en Bélgica la han disipado.


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