16 de abril 2013 - 00:00

Testa, ante todo, un humanista

Clorindo Testa
Clorindo Testa
Clorindo Testa fue un humanista, más preocupado por el bienestar del hombre que por el esteticismo. Testa había nacido en Nápoles, en 1923, y estudió arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. Como artista y arquitecto disfrutó de un doble prestigio hasta su muerte, el jueves pasado a los 89 años. Su obra, sin que se la pueda catalogar como conceptual, activa, con sus mensajes directos, los procesos mentales del espectador. Personaje querido y venerado en el ambiente del arte y la arquitectura, campos donde ganó reconocimiento internacional, tuvo al hombre y el lugar en que habita como temas recurrentes.

En estos días la gente del arte lo despide y lo recuerda, con su humor chispeante y derrochando elegancia en las galas del teatro Colón.

Su arte, al igual que sus ideas, solían ser sorprendentes. En el año 1994, cuando en el Museo Nacional de Bellas Artes se atajaban las goteras por las filtraciones del techo, presentó "Apuntalamiento", obra que algunos interpretaron como un soporte real de vigas de madera, para que el techo no se desplomara. Luego, en la primera y única Bienal de Arte de Buenos Aires, mostró una vivienda de cartón, anticipándose al fenómeno de los cartoneros y el avance de la villas de emergencia. Cuando se inauguró el Buenos Aires Design junto al Centro Cultural Recoleta, observó: "Siempre digo que las ciudades, como la gente, tienen memoria y que resulta casi imposible cambiar su destino. La Recoleta era hace siglos un lugar de ranchos donde se hacían romerías, hasta que el Virrey Vértiz, ante esa proliferación de mujeres, música y bebida, lanzó un edicto prohibiendo la actividad. Así desapareció la romería. Pero siglos después están las comidas, las mujeres, el vino y la vida nocturna. Esa misma vida regresa con mayor fuerza, porque las ciudades recuerdan su pasado y los lugares también. En otros sitios, como en Roma, sucedió lo mismo. Es muy difícil modificar el espíritu de un lugar".

Sus amigos, sus numerosos discípulos y Teresa Testa, su mujer, saben que supo disfrutar la vida. En el año 1952 expuso por primera vez en forma individual en Buenos Aires. A partir de 1957 se sucedieron los reconocimientos y los premios nacionales e internacionales, y participó en varias oportunidades de las bienales de Venecia y San Pablo. En los años 70 integró el Grupo de los Cinco y ganó el Premio Di Tella; luego, con el Grupo CAYC, ganó el Gran Premio de la Bienal de San Pablo. Después de su etapa informalista, sus bellísimos cuadros blancos abrieron camino a obras como "Habitar, circular, trabajar, recrearse", título de la muestra anterior a "La peste en Ceppaloni", una serie de trabajos cargados de referencias sobre sus antepasados, y también de connotaciones sobre el significado universal de la peste. Desde entonces, las obras de Testa, reclaman la necesidad de un mundo sólido y estable para el hombre.

A.M.Q.

Dejá tu comentario