18 de marzo 2010 - 00:00

Tiempo de ocaso y violencia sin control

Madrid - En sus 51 años de historia, ETA siempre se cuidó mucho de actuar contra las fuerzas de seguridad francesas. Aunque para el grupo armado vasco también Francia es un Estado «enemigo», su estrategia pasaba por evitar a toda costa abrir un segundo frente armado aparte del de España, consciente de que ello podría costarle caro.

Pero el asesinato de un policía francés al sureste de París lo cambia todo: a la luz de las investigaciones, la pequeña localidad de Dammarie-lès-Lys se convirtió la noche del martes en el escenario de una nueva dimensión del terrorismo etarra. Sobre todo porque los disparos que acabaron con la vida del agente de 52 años no fueron producto de una acción «fortuita», como suele calificar ETA a modo de justificación los contados enfrentamientos que ha tenido con las fuerzas del orden francesas.

Durante años, España acusó a Francia de no tomarse en serio el problema del terrorismo etarra, precisamente por no haber sido blanco del grupo armado, que usaba, y sigue usando, al país vecino como refugio. Eso hace tiempo cambió, y ahora la cooperación policial es ejemplar. De hecho, los grandes golpes policiales a ETA de los últimos años se llevaron a cabo en suelo francés.

Pero si ETA todavía albergaba alguna esperanza de poder sentirse menos perseguida en Francia que en España, esa esperanza se desvaneció la noche del martes en Dammarie-lès-Lys: Francia no sólo vio morir por primera vez a uno de sus agen-tes a manos de ETA, sino que todo ocurrió a las puertas de la capital de esta potencia europea.

Mensaje

De hecho, el primer mensaje que lanzaron después del tiroteo el jefe de Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, es que de ahora en adelante «redoblarán los esfuerzos» conjuntos en la lucha contra ETA para «erradicar esa lacra» (ver aparte).

La forma de actuar del comando etarra también evidencia, según fuentes de la lucha antiterrorista, la impericia y falta de estrategia de los nuevos terroristas del grupo armado, obligado por los constantes golpes policiales a nutrirse de jóvenes radicales, sin fundamentadas convicciones políticas, pero de gatillo fácil.

Al margen de lo peligroso que resulta para ETA haberse enfrentado a tiros a la Policía francesa, el comando en cuestión ni siquiera logró su objetivo, ya que no consiguió liberar a su compañero detenido. Se trata de Joseba Fernández Aspurz, alias «el Guindi», quien enseguida se identificó como miembro de ETA al ser detenido.

Fernández Aspurz, nacido en 1986, exhibe precisamente el perfil de los nuevos terroristas de ETA, según fuentes de la investigación: con poco más de 20 años, proviene de la «kale borroka», la lucha callejera que protagonizan en el País Vasco y la vecina región de Navarra los llamados «cachorros» de ETA.

También llama la atención la forma en que el comando asaltó el concesionario: en bandada, lejos de la discreción que suele atribuirse al grupo armado. Hasta diez presuntos etarras intervinieron en el robo.

Puede que el objetivo fuera que los confundiesen con delincuentes comunes del crimen organizado para así despistar a la Policía. O, quizás, ello fue simplemente una prueba más de su inexperiencia.

Agencia DPA

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