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¿Tiempo de salir en mayo? Wall St. puede tener saldos de remate
Y el talante amistoso se refrendó esta semana luego de la reunión del Comité de Mercado Abierto que concluyó el miércoles. El banco central hizo gala de notable equilibrio en su retórica. Admitió una mejoría en el frente externo -el foco de su preocupación anterior- y, a la par, a modo de compensación, puntualizó el decaimiento reciente de la actividad dentro de los EE.UU. Hoy por ti, mañana por mí. O viceversa. Aunque a Esther George no le agrade -como consta por escrito en su voto en disidencia-, la Fed se niega a agitar las aguas. Es la cautela que pontifica Yellen. Y no está en los cálculos que cambie, ni siquiera en junio, cuando la Fed vuelva a deliberar a una semana del voto británico que decidirá la disyuntiva entre la permanencia en la Unión Europea o el salto al vacío del Brexit.
Todo eso es muy favorable, si la Fed no fuera una amiga otro sería el cantar; pero no es novedoso. Ya está esculpido en las cotizaciones. No impidió el revolcón de jueves y viernes que terminó dejando el cuentakilómetros de la Bolsa muy cerca de cero al cabo del azaroso recorrido de abril. Y, se sabe, a priori, mayo no es el mes más auspicioso. Sell in May, dice el refrán que en Manhattan conocen hasta los lustrabotas.
Por supuesto, una sentencia así no tiene asidero teórico (sólo empírico, que no es poco, aunque con un margen de error nada desdeñable). Se diría que mayo no comunica bien, y sus cabeceos regulares no terminan de arbitrarse. Como sea, si Wall Street está colgado de la palmera queriendo trepar a la copa sin más instrumento que un pincel de ilusión, y lo que se avecina es el presagio de ventarrón habitual en mayo, cuesta creer que los inversores persistirán mucho tiempo en su empeño tras corroborar, luego de uno o dos intentos, que no serán recompensados. ¿Cuánto más se puede ganar? ¿Un 5%? Y eso exige cumplir la proeza de batir los récords. ¿Cuánto se puede perder si ocurre un traspié? Un 20%, contestarán los que jugaron corto (y perdieron). O un 10%, los no tan escépticos. Quizás menos, si se piensa en la cautela de Yellen; presta presumiblemente a acudir en auxilio si los mercados se complican. Siendo así, ¿cuánto durará el merodeo en la zona de récords?
Vale consignar que si Wall Street se preserva en una senda lateral, si dilata una definición rotunda, el entorno será propicio para los activos de mayor riesgo. El mes pasado el índice CRB de materias primas le sacó una luz de un 8% al S&P500 en la comparación de desempeños. Cortesía del dólar en calma (y éste, a su vez, de la anestesia de Yellen y los bancos centrales), abril fue un festival de retornos rutilantes. Desde el petróleo (77% arriba de sus mínimos de febrero) y los metales hasta los bonos basura o impagos y las monedas de las economías emergentes.
El Sell in May no melló la periferia. El posicionamiento largo en el dólar australiano que flamea en los futuros, a modo de banderín agresivo, como nunca en los últimos tres años, llama la atención. ¿Se adelantó la liquidación de temporada, acaso? ¿Se agotó en Sell in May con las ventas fortísimas de enero y febrero? Esperemos que sea así y no hayan quedado saldos de mercadería por rematar.


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