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Tocó Maceo Parker como en un crucero de lujo
Maceo Parker recreó el ambiente festivo de sus visitas anteriores a la Argentina, y el público agradeció justamente eso: un recital alegre y sin sorpresas.
Suele surgir la pregunta sobre si el funk está más cerca del rock que del jazz, o si es al revés. O sobre qué tiene que ver el soul en todo este asunto. Y a lo mejor, la conclusión más realista, aunque poco precisa, sea que en este género que incita al baile, que tiene mucho que ver con los descendientes africanos en los Estados Unidos y que ha dado nombres muy virtuosos como los de James Brown o del artista que aquí nos ocupa, Maceo Parker, sea una muy interesante ensalada con ingredientes diversos.
Está el jazz en cierta actitud hacia la improvisación y en la síncopa tan característica. Está el rock en la gestualidad, en la idea de "canción" que es siempre el eje. Está el soul en una emoción reconcentrada que se deja ver más elocuentemente en las baladas pero que no se oculta siquiera detrás de esa aparente alegría constante de los temas más movidos.
A este podio de los géneros afroamericanos no decididamente jazzísticos, tenemos que subir, sin la menor duda, a Ray Charles. Y es a él a quien Maceo, un visitante ya habitual de nuestro país -quizá por eso, no alcanzó a colmar la sala del Coliseo-, dedica muchos fragmentos de su concierto. En los anteojos negros, en una renguera simulada, en la mueca de risa tan Charles y en muchas canciones que también estaban en el repertorio de su "maestro". Parker tocó con Brown y admira a Charles; y cierra ese triángulo convirtiéndose, a esta altura, en el rey viviente del funk; como si no hubiera manera de hacerlo mejor.
El público sabe a qué va cuando elige un concierto suyo. Conoce los temas y no espera sorpresas, en una lista que se armó con los álbumes "Roots & Grooves" y "Soul Classic". Todo arranca con una presentadora que introduce a los músicos como si estuviéramos en un crucero de lujo. Y a partir de allí, la música se sucede sin mucho más. Pasan títulos como "You Don't Know Me", "Gimme Some More", "Uptown Up" -de mucho juego coral con la gente-, "Make it Funky", "Shake Everything You've Got", etc. Parker intercala el saxo con su voz, y excepcionalmente, la flauta traversa. Sus compañeros suenan divertidos aunque parecen tocar con relajación y displicencia, como si no pudieran equivocarse; y de hecho no se equivocan. Maceo se relaciona directamente con la platea y no se priva de bajar al pasillo, saludar y hasta sacarse alguna foto. La banda rompe ese muy buen trabajo a reglamento con los solos de Bruno Speight -de tinte rockero-, del bajista "Skeet" Curtis, del baterísta Marcus Parker, sobrino del líder.
Sobre el final, cuando llega "Pass the Peas", la gente ya está toda de pie y el artista se muestra aún más cómodo en ese ambiente festivo y bailable. Sin sorpresas, con una lista de canciones conocidas, con un show que de algún modo se ha visto en visitas anteriores, pero también con una eficiencia "funky" a prueba de cualquier crítica. Así son los clásicos y así volvió a mostrarse Maceo Parker, para placer de sus fans.


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