“Todas las culturas tienen un sustrato mítico inevitable”

Edición Impresa

Desde hace varias décadas la Argentina se viene destacando internacionalmente en el sector historietas, sobre todo esos comics que han dado grandes obras de "literatura dibujada", y que se desarrollan en los más diversos géneros narrativos. Y que, descendiente de la literatura y el cine, ha alcanzado una gramática propia que hoy es muchas veces imitada por el cine y la literatura.

Gabriela Cabezón Cámara se unió al dibujante Iñaki Echeverría para convertir en "novela gráfica" su nouvelle sobre la trata de personas "Le viste la cara a Dios", transmutado en el libro "Beya", que acaba de publicar la editorial Eterna Cadencia. Gabriela Cabezón Cámara es periodista cultural y ha publicado la novela "La Virgen Cabeza". Iñaki Echeverría, que abandonó la arquitectura para dedicarse a la ilustración y el relato gráfico, ha publicado en coautoría con Santiago Maisonnave los libros "Negro el 10" y "Muffins". Dialogamos con ellos sobre una historia de secuestro, violación, abuso, que busca la redención en una feroz venganza que pareciera auspiciada por una fe.

Periodista: ¿Cómo llegan a una versión en lo que se ha dado en llamar "literatura dibujada" de una historia sobre la trata de personas?

Gabriela Cabezón Cámara:
Yo tengo una amiga, Cristina Fallarás, que ahora es una de las portavoces más fuertes de los desahuciados españoles, que hace dos años decidió poner una editorial digital que se llama sigueleyendo.es, y eligió lanzarla con una serie de cuentos infantiles reversionados. Me dice por qué no te hacés "La bella durmiente". ¿Por qué "La bella durmiente" a mí? Pero me convenció. Y cuando me puse a pensar en la imagen de la mujer yaciendo en esa pasividad total, y a merced de cualquier cosa, no soberana de sí sino completamente alienada, surgió una mujer en situación de trata, esclavizada y torturada.

P.: ¿Se le cruzó, entonces, el tema de Marita Verón?

G.C.C.:
Cuando se me armo esa imagen, recordé lo que venía leyendo de las investigaciones de Susana Trimarco, que tenía resultados absolutamente impactantes y desgarradores. Y me había surgido la sensación de algo que a todos nos duele tanto y no sabemos qué ocurre al lado nuestro, y no hacemos nada. Pensé que ahora que se sabe se pueden hacer cosas, sacar a esas chicas sometidas a trata de donde están. Me pareció que la trata de personas es el tema de derechos humanos en nuestro país.

P.: Hay un trabajo interesante que usted hace con la escritura mezclando el lenguaje soez con el guiño a lo cultivado...

C.C.C.:
Yo soy así. Es un lenguaje que me surge espontáneamente. Soy una persona que ha tenido bastante calle y estudié Letras. Y lo que más me gustó son las literaturas antiguas y medievales. Alguien que me voló la cabeza fue Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, y su "Libro del buen amor", donde también se mezcla la elegía con lo soez, con la referencia culta, con la presencia de la lengua popular. Y me gusta mucho el maravilloso monje Francois Rabelais que hace eso tanto en "Los horribles y espantosos hechos del muy famoso Pantagruel" como cuando cuenta las aventuras de "Gargantúa". No digo que yo llegue a la calidad de ellos, pero son como los faros. Los suyos son textos que me deslumbraron.

P.: Usted da dos ejemplos de lo que Mijail Bastin designa como la gran tradición literaria de lo carnavalesco, de lo popular festivo, de las historias asombrosas y delirantes, de "El Quijote" en adelante.

G.C.C.:
Son las posibilidades que da la literatura. Yo pienso narrativamente así. Y quizá ese era el atrevimiento, fue mi búsqueda. En cuanto a la referencia a Echeverría, diría que "El matadero" está detrás de todo lo que escribo. Es un texto que si hubiera salido en Francia, Echeverría seria Flaubert. Hace un uso espectacular de lo coloquial. Es, a la vez, naturalista e inverosímil. Costumbrista y fantástico. El degollamiento del nene, las negras peleándose por las tripas, la violación.

P.: Como que lo que podía ser un relato cercano a la pornografía sea absolutamente antipornográfico.

G.C.C.:
Esa era la intención. Es un relato muy muy centrado en el cuerpo. El de "Beya" es un cuerpo constantemente vejado, por eso tiene de porno eso, lo literal, el cuerpo. Era inevitable referirse a las partes del cuerpo lastimadas. Era inevitable referirse al dolor del cuerpo. No tenía otra forma de relatar una historia así. Quizá haya quien pueda relatar sometimientos y torturas sin la mínima referencia al cuerpo, no es mi caso, yo no puedo.

P.: ¿Había pensado inicialmente la historia en imágenes cinematográficas, cómo lo está ahora que se ha transformado en comic?

G.C.C.:
En eso Iñaki Echeverría colaboró un montón. De cualquier manera yo escribo con mucha imagen visual., Pero nada que ver en un punto porque el libro "Beya. Le viste la cara a Dios" es una adaptación, y lo que en un texto literario puede ser riqueza, la digresión, la asociación más inesperada, más loca, un una novela gráfica seria todo ruido, un delirio

P.: ¿Cómo escribe usted en dibujos ese texto de Gabriela Cabezón Cámara?

Iñaki Echeverría:
En algo nos parecemos mucho con Gaby, en imágenes me pasa lo que hace ella en palabras, me gusta mucho mezclar. Me gusta trabajar con distintas formas de ilustración según los textos. Cada historia tiene una forma de ser contada, y hay que encontrarla. En "Beya" me parecía que tenían que ser dibujos de planos, de colores plenos, de negros. Los planos llevan a una síntesis muy impactante, quedan espacios abiertos para que la persona que mira termine de armar las figuras. Es como darle un ejercicio al lector para que con sus imágenes termine armando la lógica de la historia.

P.: Eso permite también las elipsis, evita el detalle que podría ser considerado erótico o excesivamente perverso.

I.E.:
Con Gabriela dijimos que no tenía que ser una sucesión de dibujos pornos o de maltratos. El asunto era meterse en la cabeza del personaje, en buscar con ella de qué manera podía refugiarse, encontrar alguna salida. El más leve hard core hubiera sido un bajón.

P.: Lo religioso, Juana de Arco, San Jorge, la Virgen de Lujan, Dios, ¿surgen a partir de la intención vindicativa?

G.C.C.:
Me interesa lo religioso en sentido popular. "La Virgen Cabeza", mi primera novela, va un poco en ese sentido. Todas las culturas tienen un substrato mítico inevitable, que muestran lo que está bien y lo que está mal. Las figuras religiosas son pregnantes para todos. En la situación que vive Beya la necesidad de lo religioso se vuelve casi una necesidad, algo imperioso.

P.: ¿Qué están habiendo ahora?

I.K.:
Un grupo colectivo, donde están Gabriela, Leonardo Oyola, Oscar Fariña, entre otros, está escribiendo un policial que yo dibujo.

G.C.C.: Estoy luchando a brazo partido con una novela de tesis, donde la tesis no está muy explícita y la gente la piense sola. Me impresiona mucho cómo sigue funcionando el sacrificio humano. Por señalar lo más estúpido. Se ve que se necesita un semáforo, pero hasta que no muere una persona no se lo pone; es como la ofrenda sacrificial para que algo ocurra.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario