Desde 1577 a 1614, El Greco se refugió en la vecina ciudad del Alcázar, donde dominaba un catolicismo aún más obtuso y tradicionalista que el de los Borbones y que aceptaba de muy buen grado sus santos y cortesanos en éxtasis.
En el ex convento de Santa Cruz, hoy museo, para el que pintó una "Inmaculada Concepción", obra maestra de su madurez, se acumula el grueso de la exposición con 76 obras a las que se agregan otras 33, divididas entre la iglesia de Santo Tomé (con el magnífico "Entierro del Conde de Orgaz"), la Catedral (la conmovedora "Expoliación" con el Cristo todo en rojo escarlata), el convento de San Domingo el Antiguo y el antiguo hospital Tavera, además de los frescos de la capilla de San José, que se pueden admirar gracias a la generosidad de la familia de los marqueses de Eslava que los encargó y de los que sigue siendo poseedora.
Las 17 que faltan están en el Museo del Greco, que le dedicó la ciudad, y hacen de esta exposición de uno de los más excelsos pintores que haya tenido el arte occidental una ocasión única e imperdible.
Para completar el homenaje, en la misma Catedral de Toledo -construida a partir de 1277 sobre los restos de un templo visigodo, utilizado como mezquita durante el dominio árabe- el maestro italiano Riccardo Muti dirigirá el 12 de abril las orquestas reunidas del Teatro Real de Madrid y de la Luigi Cherubini por él fundada, en el Requiem de Giuseppe Verdi. El concierto se repetirá dos días después, el 14, en el mismo teatro madrileño, esta vez en homenaje al recientemente fallecido Gérard Mortier, que ideara el homenaje un año atrás cuando era director artístico del Teatro Real.
| Agencia ANSA |


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