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Tomó aire desempolvando la letra del progresismo
El National Mall, que se extiende entre el Capitolio y el memorial de Abraham Lincoln, albergó a 700.000 personas, una enorme multitud entusiasta, aunque menor en cantidad que la de 2009.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, apenas esperó unos minutos tras su investidura pública para un segundo mandato para dejar claro, ante el Capitolio que domina en buena parte la oposición republicana, no sólo que piensa aprovechar bien los últimos cuatro años que le quedan en la Casa Blanca, sino que además tiene toda la intención de seguir una agenda liberal y progresista.
«En su segundo discurso de investidura, Obama se convirtió en el líder progresista que muchos liberales creían que iban a conseguir cuando lo votaron por primera vez cuatro años atrás», consideró el diario The Washington Post en una primera evaluación de sus palabras.
El discurso de Obama «fue la alocución más liberal que ha pronunciado como presidente (...) superando la calibrada agenda progresista de su primer mandato», coincidió el sitio web y periódico Político, mientras The New York Times veía tras sus palabras la «intención de reafirmar su autoridad sobre sus rivales políticos y definir su versión de liberalismo moderno después de que los votantes le dieran un segundo mandato».
Y es que muchos se sintieron sorprendidos de escuchar -por primera vez en un discurso inaugural- menciones claras a temas como el matrimonio homosexual o el control de armas. Sobre todo cuando desde la Casa Blanca había trascendido que el mandatario no pretendía trazar detalles específicos sobre sus ideas para los próximos cuatro años, sino mandar un mensaje más general.
A ello se une un mensaje claro a la oposición que durante su primer mandato se opuso a casi cada una de sus iniciativas.
Acción
«No podemos permitirnos más retrasos. No podemos confundir absolutismo con principios», subrayó Obama. «Tenemos que actuar. Tenemos que actuar», insistió.
Desde que se asegurara un segundo mandato, derrotando al republicano Mitt Romney en las urnas el 6 de noviembre, Obama ha dejado claro que considera su reelección como una reválida de su política y, sobre todo, de las promesas que no pudo o no llegó a cumplir los primeros cuatro años de Gobierno, especialmente la reforma migratoria.
Y también ha dejado claro que no piensa esperar para ello. «Me siento honrado y agradecido por tener la oportunidad de acabar lo que empezamos. Nuestro trabajo empieza hoy. Vamos allá», tuiteó el mandatario poco antes del inicio de su investidura.
El demócrata cuenta para ello con la ventaja de tener ante sí a un opositor Partido Republicano muy virado a la derecha durante su primer mandato pero que, tras la derrota electoral que no se esperaba, anda sumido en un profundo proceso de autocrítica y de búsqueda de nuevos lineamientos más acordes con la nueva realidad social y, sobre todo, demográfica, que hizo posible que Obama lograra sus «four more years», cuatro años más en la Casa Blanca.
Con todo, hay pocas garantías de que pueda lograr todos sus propósitos, en parte porque no controla la Cámara de Representantes, en manos republicanas, y también porque son muchos los frentes que tiene abiertos.
Para empezar, Obama debe terminar de perfilar su gabinete tras la marcha de prominentes figuras de su Gobierno como su secretaria de Estado, Hillary Clinton, o sus colegas de Defensa o del Tesoro, Leon Panetta y Timothy Geithner, respectivamente. Obama ya ha elegido a sustitutos para estos puestos, al igual que para el cargo de director de la CIA vacante tras la dimisión por un affaire extramatrimonial del militar retirado David Petraeus.
Advertencia
Pero los republicanos ya advirtieron que no piensan ponérselo fácil a sus candidatos, que deben ser ratificados por el Senado. Quizás en una muestra más demostrativa de que está dispuesto a presentarles batalla, la primera acción de Obama en su ya segundo mandato fue firmar oficialmente las nominaciones de sus candidatos en el Capitolio y apenas unos minutos después de haber jurado públicamente su cargo.
Otro gran pulso para medir la fuerza de la Casa Blanca y la resistencia de la oposición republicana tampoco se hará esperar. Apremian ya las negociaciones para un alza del techo de la deuda y recortes del gasto público con el fin de evitar un nuevo colapso económico, después de haber evitado en el último minuto y por la mínima el «abismo fiscal».
Tras semanas de aparente firmeza, los republicanos hicieron una propuesta conciliadora la semana pasada, que requiere, sin embargo, de una cierta concesión de parte de un Obama que, por lo que se vio hoy, no parece sin embargo demasiado dispuesto a dar su brazo a torcer.
Agencia DPA


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