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Torturas de Bush, todo un dilema
Los memorandos, tres de los cuales fueron elaborados en 2005 por Steven Bradbury y uno escrito por Jay S. Bybee en 2002, ambos abogados de la oficina legal del Departamento de Justicia, fueron desclasificados en respuesta a una querella de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).
Los informes revelan los métodos coercitivos que se aplicaban y justificaban, y que incluían el uso de insectos en cajas en las que se introducía a los interrogados, la privación del sueño, la asfixia simulada y el estampar al sospechoso contra paredes, entre otros.
El mismo día de su desclasificación, Obama condenó esas prácticas, pero explicó que no enjuiciará a los que las llevaron a cabo porque se guiaron por la teoría legal imperante en el momento.
Desde la divulgación de los documentos, las voces que critican la desclasificación por entender que compromete la seguridad nacional y aquellas que exigen que los responsables respondan ante la Justicia parecen competir en intensidad.
Entre aquellos que pusieron el grito en el cielo por la decisión de Obama de publicar los documentos se encuentra el ex vicepresidente Dick Cheney, quien la calificó de «un poco inquietante» y recalcó que el actual Gobierno no ha dado a conocer otros documentos que muestran «el éxito de esos esfuerzos».
Cheney, un feroz crítico de Obama, pidió que esos documentos sean divulgados para que «el pueblo estadounidense pueda ver» lo que se consiguió y se aprendió, «y lo buena que fue la información» lograda.
El ex director de la CIA Michael Hayden acusó al Presidente de haber comprometido la seguridad nacional, ya que a su juicio ha revelado en medio de una guerra a los enemigos de EE.UU. los límites de los agentes en los interrogatorios.
Entre los que piden justicia se encuentran la ACLU y otras organizaciones defensoras de derechos humanos, así como la ONU, y en el seno del Congreso se debate si se debe abrir una investigación.
El martes, Obama dejó la puerta abierta a posibles imputaciones de altos funcionarios que formularon las decisiones legales sobre la tortura, pero dejó en manos del fiscal general, Eric Holder, la decisión sobre cualquier actuación dentro de los parámetros de la ley.
Obama también expresó su deseo de que cualquier investigación que se pueda abrir en el Congreso se efectúe de manera «bipartidista» y mediante una comisión independiente.
El mandatario, que ordenó el cierre de Guantánamo y prohibió las torturas, dejó claro que quiere «mirar hacia delante y no hacia atrás» en este asunto.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, afirmó ayer en el Congreso que se debe «revisar» la situación de los que redactaron los informes y de aquellos que ordenaron la tortura. Dijo que es partidaria de «llegar al fondo de todo este asunto», aunque no indicó qué implica eso.
Agencia EFE


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