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“Trabajar con Alezzo y Soriano juntos es único”
Leonardo Sbaraglia: «En España nunca tuve esa cosa cancherita de llevarse el mundo por delante, que es muy desagradable en todas partes, sin importar a cuál nacionalidad pertenezca uno».
Sbaraglia está instalado en Madrid desde hace 8 años («después que se estrenó Plata quemada filmé una película tras otra y así me fui quedando en España»). En su regreso a la Argentina, aún no sabe si es definitivo, filmará bajo las órdenes de Bruno Stagnaro la miniserie «Farsantes», inspirada en el guión de «Nueve Reinas», donde estará acompañado por Federico Luppi y Leticia Bredice. «No son los mismos personajes que en la película, ni siquiera Leticia tiene el mismo papel», aclara el actor.
Periodista: ¿Vino para quedarse?
Leonardo Sbaraglia: Bueno, todavía estoy en un momento de transición. Mi hija ya está yendo al jardín de infantes de la otra cuadra. Y la verdad es que nos gustaría educarla aquí, pero no sabemos qué puede ocurrir. En España recibimos mucho afecto de la gente y tenemos muchos amigos. Pero aquí están nuestras familias y estaríamos mucho más acompañados en la crianza de nuestra hija.
P.: Alguna vez dijeron que los españoles lo elogian diciendo que usted no es «un argentino típico».
L.S.: Eso me lo dijeron allá, en un reportaje. Yo sólo dije que no tomaba mate y que era más tímido que el resto de los argentinos. Nunca tuve esa cosa cancherita de llevarse el mundo por delante, que es muy desagradable en todas partes, sin importar a cual nacionalidad pertenezca uno.
P.: Como sea, ayudó a mejorar la imagen.
L.S.: No fui el único. También está Ricardo Darín, Héctor Alterio, Federico Luppi...
P.: ¿A usted también le ofrecieron la nacionalidad española como a Darín?
L.S.: Creo que también se la otorgaron a Marcelo Piñeyro y a Adolfo Aristarain. En mi caso no hizo falta porque a través de mi abuelo obtuve la ciudadanía italiana.
P.: ¿Por qué el teatro argentino es mejor que el español?
L.S.: Acá está más fomentada la experimentación y la investigación. Hay muchas más salas y gente que todo el tiempo prueba cosas y genera nuevos proyectos. Allá no hay tantos grupos de estudio y los más importantes están dirigidos por profesores argentinos caso Juan Carlos Carlos Corazza, Cristina Rota, Fernando Piernas.
P.: ¿Qué pasó con «Closer»?
L.S.: No me gusta hablar mal de los trabajos que hice, pero la verdad es que «Closer» no me ayudó en mi proceso como actor. Yo venía de trabajar en el teatro Payró, donde había hecho «En la soledad de los campos de algodón» de Koltés, «Calderón» de Pasolini, «La oscuridad de la razón» de Ricardo Monti. Ese era el tipo de teatro que a mí me gustaba. Después de «Closer» dije que no iba a volver a hacer teatro si no era en condiciones más favorables para mi evolución. Así pasaron diez años, pero en ese tiempo seguí formándome y entrenándome como si hiciese teatro. Ahora me siento mucho más fuerte, más curtido. La experiencia de España también contribuyó.
P.: ¿Quién lo convenció de trabajar en «Contrapunto»?
L.S.: Justo había visto, hacía muy poquito, «La huella», que es la primera versión cinematográfica de «Contrapunto», con Laurence Olivier y Michael Caine [en la Argentina se llamó «Sleuth-Juego mortal», dirigida por Joseph L. Mankiewicz en 1972] y cuando me dijeron que Pepe Soriano y Agustín Alezzo habían pensado en mí para el personaje joven, no dudé en aceptar. Además, Alezzo fue mi maestro y ya estuvimos a punto de trabajar en dos ocasiones, pero no pudo ser.
P.: Háblenos de la obra.
L.S.: Es un juego de misterio, trucos y engaños. Si todavía no vio la película, mejor no la vea. Así disfruta a pleno de las trampas y sorpresas que tiene la obra.
P.: ¿Y qué va a pasar con el público que ya la vio?
L.S.: Acá no la vio nadie y tampoco el remake que luego hizo Caine con Jude Law [«Sleuth-Juego macabro», dirigida por Kenneth Branagh en 2007, que hoy vuelve a proyectarse en cable, ver pág. 8]. Pregunté y nadie la recuerda.
P.: ¿Qué temas aborda?
L.S.: Habla del poder y de la humillación. Por eso se decidió poner en el afiche de la obra: «la humillación es el camino más corto al corazón de un hombre». Soriano interpreta a un tipo de clase alta, escritor de novelas de misterio, y yo a un hijo de italianos de clase media baja, Milo Tindle, quien tuvo que emigrar de Italia, en la época de Mussolini, por ser judío.
P.: ¿Su personaje quiere casarse con la mujer del escritor?
L.S.: Así es, y éste usa su ingenio y su poder para humillar a Milo y lo termina convirtiendo en un ser brutal y deshumanizado.
P.: ¿Tan brutal como el personaje que interpretó en «Plata quemada»?
L.S.: Es otra clase de personaje. Para interpretar a «el nene» durante mucho tiempo estuve entrevistándome y saliendo de noche con un tipo que había estado en cana 14 años y que finalmente se había recibido de sociólogo. Era un recuperado entre comillas y con una gran necesidad de reinsertarte en el sistema lo que siempre es muy difícil. A mí me sirvió muchísimo para la base de mi trabajo, porque tenía una cosa muy densa y violenta y a la vez profundamente humana.
P.: Bueno, ahora lo tiene a Soriano de «sparring»...
L.S.: Sí. Justamente el otro día comentábamos con Fernán Mirás que a Soriano lo hemos visto en trabajos del nivel de un Robert de Niro. Su capacidad de composición es maravillosa. Es un animal de teatro y un compañero excelente. No pierde detalle de lo que hago.
Entrevista de Patricia Espinosa


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