Transformar la estructura

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La industria atraviesa un momento delicado que comenzó hace poco más de cinco años. La producción industrial per cápita descendió 6,5% entre 2011 y 2015, y esta contracción sigue durante 2016, tanto por la recesión en Brasil como por factores internos asociados a la salida del cepo cambiario y el crecimiento de costos. ¿Qué tenemos que hacer para que la actividad industrial retome la senda virtuosa que tuvo entre 2002 y mediados de 2011?

Hoy, la actividad comenzó a mostrar signos de que se tocó fondo. Algunos sectores, como la producción de cemento, fertilizantes, y maquinaria agrícola muestran mayores niveles de producción con relación a los meses previos. Sin embargo, la recuperación terminará de materializarse y, sobre todo, será sostenible en el tiempo si se avanza en dos ejes que tienen que ver con una mirada estratégica de largo plazo, y que hacen a la base de una política industrial inteligente.

El primero es el diseño y la ejecución de un plan de infraestructura para el desarrollo que generaría, por un lado, una mejora de la competitividad sistémica de la economía argentina en la medida en que las obras sirvan para reducir los costos de logística, transporte y energía. Con más trenes, aeropuertos y puertos, los productos argentinos pueden llegar a distintos rincones del país y del mundo a menores costos. Pero además reactivaría a la industria, siempre que su implementación incremente la demanda de productos nacionales en sectores donde ya tenemos desarrollo tecnológico y capacidades productivas. El segundo eje es que el país persiga una inserción internacional inteligente en la que las relaciones tienen que estar guiadas por principios fundamentales que nos permitirán integrarnos mejor en las cadenas globales de valor. Primero, por políticas industriales que permitan mejorar la calidad de los productos exportados y el resultado comercial a largo plazo. Esto también significa federalizar la producción y cerrar las brechas territoriales. Además, potenciar las capacidades preexistentes. La Argentina cuenta con un desarrollo industrial importante y, con sus ya casi 45 millones de habitantes, está en condiciones de aprovechar las capacidades y el conocimiento que tiene en ciertos sectores de la industria. Y la inserción internacional tiene que entender el mundo en el que le toca jugar: el amesetamiento del comercio global y el excedente de oferta global son factores que no se pueden soslayar. En el fondo, se trata de llevar adelante una estrategia productiva que conjugue inversión pública y privada en infraestructura y producción. Esto puede requerir, en la transición, financiamiento externo, pero hay que atender, sobre todo, los temas micro y sectoriales que permitan exportar más y mejor, y sustituir estratégicamente importaciones en sectores donde existe potencial. En definitiva: transformar la estructura productiva. El riesgo de no hacerlo es tomar deuda para sobrevivir en el corto plazo, algo que el país ya ha hecho muchas veces en el pasado. Para que no pase lo mismo, tenemos que hacer las cosas distintas.

(*) Economista jefe UIA

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