Exchofer en el metro de Caracas, Maduro suele aparecer en fotos al volante de un autobús para recordar que él es el guía elegido de la revolución bolivariana en la era post-Chávez, aunque analistas (y también opositores) coinciden en que su liderazgo está todavía en construcción y que su gestión fue errática.
"El Gobierno luce sin un propósito claro, como no sea mantener vigente el legado de Chávez, pero uno no percibe propósitos ulteriores", explica Teodoro Petkoff, exguerrillero comunista y candidato presidencial en dos ocasiones.
Maduro inició su mandato con críticas por su manejo de la enfermedad y la muerte de Chávez, y en estos meses las divergencias en el seno del chavismo no le permitieron concretar sus anuncios de flexibilización del control de cambio, base de todos los desequilibrios económicos, entre ellos la inflación y el desabastecimiento. "El chavismo se encerró en una trampa, creó un mecanismo de poder económico que sabe disfuncional, pero del que sabe que no es fácil prescindir, porque el riesgo podría ser mayor", explica Petkoff. "Las políticas económicas de Chávez tenían sentido durante su Gobierno, pero ya estaban dando indicación de ser reformuladas", explicó el analista Nicmer Evans.
De Chávez, Maduro heredó su mediática forma de gobernar y su actitud de combate permanente contra la oposición y contra Estados Unidos, el principal comprador del petróleo venezolano, al que empezó tendiendo la mano y terminó por acusar de planear acabar con él en el marco de un ataque a Siria.
Pero al mandatario se le reconoce su apertura en la relación con el sector privado y su activación de la lucha contra la violencia y la extendida corrupción -un tema tabú para Chávez-, que ya dio sus primeros frutos con la detención de decenas de funcionarios. "De mantenerse esta situación, puede ser que a medio plazo alrededor de Maduro se cree una situación de conflictividad, que el propio chavismo popular se empiece a plantear qué significación tiene ese liderazgo", agrega Petkoff.
Mientras la oposición y analistas hablan de la necesidad de devaluar de nuevo el bolívar (el anterior ajuste fue en febrero), desmantelar los controles de precios y de cambio o acabar con las expropiaciones de tierras, Maduro culpa de lo que define como "coyuntura económica especial" a la "guerra económica" desatada desde fuera del país y la "corrupción", contra la que ya ha empezado a actuar con algunas detenciones de funcionarios. Para combatir ambos frentes, solicitó en la Asamblea Nacional una ley habilitante que le daría poderes especiales durante un año para gobernar por decreto, pero la oposición denuncia que los "superpoderes" esconden el propósito de una cacería de brujas en su contra.
El pedido de superpoderes "es una ofensiva estratégica que puede tener dos tableros: no sólo el de la oposición, sino también el de disuadir a sectores internos del chavismo para consolidar el liderazgo puertas adentro", explicó el politólogo John Magdaleno. También la oposición siguió su camino en estos meses, a pesar de que perdió exhibición mediática.
Fortalecida en las últimas elecciones de Chávez en octubre de 2012 tras años de estar desunida y prácticamente aniquilada por el chavismo, desconoció de la mano de su joven líder Henrique Capriles la estrechísima victoria de Maduro, que impugnó dentro y fuera del país a pesar de que la comunidad internacional ya lo reconoció. "La oposición creció más por los errores de Maduro que por sus propios aciertos", opina Evans.
Una ocasión para medir fuerzas serán las próximas elecciones municipales del 8 de diciembre, vistas por muchos como un plebiscito de la gestión del presidente, que en las encuestas aparece como principal responsable de la situación económica. Si ganara, "Maduro estaría legitimado, fortalecido y aumentaría su control interno en el chavismo", escribió en el diario El Universal el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León.
| Agencia AFP |


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