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Tras duro forcejeo, jueza crítica presidirá la Casación
Días atrás Figueroa visitó al viceministro de Justicia Julián Álvarez en sus oficinas de la calle Sarmiento. Durante el encuentro se replicó ese esquema ya conocido para el funcionario, según el cual las declamaciones más exacerbadas contra el oficialismo quedan reducidas a expresiones tibias y comentarios orientativos. Figueroa no fue la excepción y se retiró con el guiño del funcionario para asumir la presidencia, así como también con el dato de que no habría, al menos desde el Ministerio de Justicia, nuevas arremetidas contra la subrogancia de Cabral en el primer piso de Comodoro Py.
Álvarez materializó así un equilibrio necesario, un gesto de buena voluntad para con Cabral (principal esponsor de Figueroa), que convive con la actualidad del Consejo de la Magistratura en donde cada medida que impulsa el kirchnerismo lleva el agregado de expresar una autonomía que no precisa de la rúbrica del juez. Tendencia que se profundiza, al menos hasta el momento, cuando el oficialismo negocia mayorías extraordinarias en ese organismo con otros consejeros, sin acudir al representante de la Lista Bordó.
Figueroa llegó al acuerdo de ayer con la certidumbre de que contaría con los votos de Cabral, Mariano Borinsky, Gustavo Hornos, Liliana Catucci y Eduardo Riggi. Salvo el primero, todo el resto mantiene sus reservas para con la nueva presidente (ayer por la tarde Riggi se mostraba de lo más elocuente). El voto de respaldo en realidad tiene una carga institucional, la necesidad de emitir el mensaje de que la cámara será presidida por una jueza distante del oficialismo. Su cercanía a Cabral también implica una buena llegada al titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti, afinidad que quedó en evidencia en la última conferencia de jueces de Mar del Plata.
Obedece además, internamente, al requerimiento de plantear una posición contraria a la de los jueces de la Sala II (Pedro David, Ángela Ledesma y Alejandro Slokar) y al propio Gemignani. Estos cuatro magistrados -los tres primeros señalados por su afinidad al oficialismo- objetan la subrogancia de Cabral y ayer lo volvieron a exteriorizar en el plenario donde Cabral contó con los votos de cuatro magistrados.
En paralelo con esas reyertas, Gemignani manifestó su preocupación por el hecho de que no se han renovado los contratos de los tres secretarios de su vocalía. Borinsky accedió a remitir un escrito hacia la Corte a fin de consultar sobre la demora. Gemignani objetó en tres ocasiones, como subrogante en la Sala I, la productividad de Cabral y Figueroa en materia de resolución de expedientes. La coincidencia entre ese antecedente y la situación de los colaboradores del juez cuya situación debe resolverse en la Corte es inquietante y llevaba a los camaristas a hablar de una supuesta vendetta. Se trata de un proceder que poco tiene que ver con los discursos sobre la prestación de los servicios de Justicia, issue siempre presente en las alocuciones de Lorenzetti.
El reparto de las subrogancias fue otro motivo de debate en el plenario. La mayoría que eligió a Figueroa rechazó una posible cobertura de las vacantes por parte de los jueces de la Casación ordinaria que jurarán este jueves. Varios de ellos son objetados por los camaristas por supuestas cercanías al kirchnerismo. Pero lo cierto es que entre ese grupo tampoco hay demasiado interés por eventuales desembarcos en la Casación federal. Las cuestiones ordinarias parecen ser preferibles a las intrigas que allí se urden.
Los ganadores en el reparto de suplencias fueron Hornos (que tendrá presencia en las salas I y IV) y Borinsky (estará en la IV y en la III, a pesar de las quejas y los comentarios de Catucci), los dos últimos presidentes que intentaron, con distinto grado de éxito, una equidistancia entre las distintas agrupaciones que se disputan el protagonismo del gremio judicial.


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