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Trump ya ganó: aun perdiendo, sembrará un discurso de odio
• SUS PROPUESTAS CONTRA LOS LATINOS Y MUSULMANES TRANSFORMARON AL ELECTORADO REPUBLICANO
Una pesquisa nacional reveló que aumentó el acoso escolar a las minorías atacadas por el magnate.
Recuperado. Luego de un mes “horribilis” por sus polémicas declaraciones, el candidato republicano pudo estabilizar su campaña electoral y recuperar terreno en los sondeos.
Que Joe Arpaio, el apodado "sheriff más duro" de Estados Unidos, con un largo prontuario de denuncias de abusos contra los derechos humanos por su trato a indocumentados, haya dado el discurso previo a la presentación del magnate en la Convención Republicana de julio dio paso a la institucionalización del racismo. Y en una sociedad que luce con orgullo sus raíces extranjeras, pero con algunas de sus capas permeables a la xenofobia, el "trumpismo" no es más que un atraso que preocupa: a lo largo de 2016, un exlíder del Ku Klux Klan y el Partido Nazi de EE.UU. salieron a respaldar su candidatura.
"Algunos analistas creen que los candidatos republicanos han estado haciendo sutiles apelaciones racistas a los votantes blancos desde 1968, especialmente contra afroamericanos, latinos, y ahora los musulmanes, pero sin ser explícitos. Trump se movió más allá y parece más cómodo que sus antecesores al etiquetar a los sectores a los que se les debería tener miedo", explicó a Ámbito Financiero Vicent G. Moscardelli, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Connecticut.
De acuerdo con un informe del Southern Poverty Law Center divulgado en abril y titulado "El Efecto Trump: el impacto de la campaña presidencial en nuestras escuelas nacionales", las palabras del magnate produjeron un "alarmante" nivel de miedo y ansiedad entre los estudiantes de color y un aumento de las tensiones raciales y étnicas en el aula. Además, los profesores notaron que hubo un incremento de los casos de "bullying, acoso e intimidación" a "alumnos cuyas razas, religiones o nacionalidades" son blanco de la munición gruesa de Trump, informó el grupo especializado en la defensa de los derechos civiles.
Los jóvenes, por otra parte, se insultan entre sí usando los nombres de los candidatos.
Aunque Trump sea derrotado en los comicios y finalmente se tome el año sabático que prometió en tal caso, le habrá impreso un nuevo carácter al electorado que heredarán para futuras elecciones los republicanos, uno que votará por construir un muro en la frontera con México y a favor de las deportaciones masivas. Tampoco sería sencillo para Clinton ofrecer una solución a la inmigración, ya que deberá hacerles frente a todas las propuestas que quedaron flotando, la mayoría inviables y promovidas desde el odio.
"Apoyo la propuesta de Donald Trump de construir un muro y la restricción temporaria de la inmigración hasta que podamos reorganizar nuestro sistema", afirmó Jim Gilchrist, fundador y presidente de The Minuteman Project, en conversación con este diario.
La organización, que cobró notoriedad en 2005 y llegó a reclutar a miles de personas, llevaba adelante patrullas armadas en la frontera para forzar a los sin papeles a abortar sus intenciones de ingresar. Aunque hacia 2010 abandonó la caza de brujas, The Minuteman Project hoy organiza campañas contra los indocumentados y muchos de sus miembros se ilusionan con un triunfo del magnate.
"Muchos inmigrantes vienen a nuestro país sin la intención de asimilar nuestro idioma, las costumbres, la cultura, y se encierran en enclaves de extranjeros", fundamenta. "Los Estados Unidos de América significan eso: unión. Eso es imposible sin un lenguaje común y el respeto por las leyes comunes. Como en Europa, nuestras costumbres, lenguaje y leyes no tienen sentido para los extranjeros, ya sean legales o ilegales", protestó sin hacer distingos.
Es cierto que hay un sector que siente afinidad por las propuestas más oscuras de Trump, pero también conforma su electorado una gran porción de la clase trabajadora conservadora, sin estudios y profundamente afectada por la última crisis económica. A ellos, los "angry white man", les prometió prosperidad y les ofreció un chivo expiatorio: "el otro".
"Una parte del respaldo a Trump se forja en el rechazo a lo políticamente correcto. Muchos de ellos son blancos, hombres de mediana edad a los que les resulta gracioso que Trump diga cualquier cosa que se le venga a la mente. En vez de atarse a las reglas tradicionales de la política estadounidense, por las que los candidatos buscan ofender al menor número posible de personas, Trump se deleita insultando a periodistas, mujeres, afroamericanos, latinos y musulmanes", analiza Moscardelli. "Esas personas se sienten liberadas cuando alguien demuestra que no se les puede decir lo que tienen que hacer. Es aparentemente liberador", explica.
No será la primera vez que de las elecciones presidenciales estadounidenses surge algún personaje republicano que enciende alarmas por sus posturas al límite. En 2008 fue la candidata a la vicepresidencia Sarah Palin, miembro del ultraconservador Tea Party, la que hacía presagiar un futuro inquieto para la política local. Más tarde, en 2012, la campaña de Mitt Romney agitó el espectro nativista, sin resultados aparentes. Pero este año tres precandidatos republicanos, sobre un total de dieciséis, lideraban las intenciones de voto en las primarias de la oposición y (¿casualmente?) eran cercanos o manifestaban simpatías con los sectores más radicales. Uno de ellos era Trump.
Lo peor, acaso, esté por venir.


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