6 de julio 2015 - 00:00

Tsipras, el premier que usará corbata si hay quita de deuda

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, no ocultó ayer su entusiasmo por el triunfo de la postura oficial en contra de las nuevas exigencias de los acreedores externos para que Grecia obtenga un nuevo paquete de ayuda.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, no ocultó ayer su entusiasmo por el triunfo de la postura oficial en contra de las nuevas exigencias de los acreedores externos para que Grecia obtenga un nuevo paquete de ayuda.
 Atenas - En la disputa con los acreedores internacionales, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, apostó todo a una sola ficha y logró el apoyo de una amplia mayoría de los ciudadanos griegos.

"No hay que subestimar lo que un pueblo es capaz de hacer cuando se siente humillado", declaró antes del referendo celebrado ayer en Grecia. El jefe de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza) logró poner a los ciudadanos de su lado, que con su "No" le dieron un importante espaldarazo en las negociaciones con los acreedores, que exigen amplias reformas y recortes para entregar nuevas ayudas. "¿Quién tiene la frescura de exigir que miles de griegos deban sentir frío?", dijo en el Parlamento cuando los acreedores criticaron las medidas adoptadas unilateralmente por su Gobierno de disponer de 200 millones de euros para las personas indigentes.

Después de la fuerte disputa con la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el referendo no sólo era una herramienta para votar a favor o en contra de las medidas de austeridad, sino también un voto de confianza para la política del Ejecutivo de Atenas. El Gobierno de Tsipras, que integra una coalición con el partido populista de derecha Anel, convocó al referendo por sorpresa el 27 de junio tras una ruptura de las conversaciones entre Atenas y sus acreedores, y para que los ciudadanos griegos eligieran el rumbo a seguir en la eurozona (la decisión también llevaba el riesgo de que la mayoría les diese la espalda a él y a sus políticas).

Con el "No" en el bolsillo, Tsipras logró su cometido. Pero los observadores ya especulan cómo resolverá ahora Atenas la dura disputa con los acreedores y cómo salvará al altamente endeudado país de la bancarrota. En el plano interno, Tsipras casi no ha hecho avances desde su victoria electoral en enero. Uno de cada cuatro griegos está sin empleo, los ingresos del Gobierno se reducen drásticamente y no hay crecimiento a la vista. Grecia está como congelada y a la espera de lo que sucederá. Mientras, muchos ciudadanos fueron sacando poco a poco sus ahorros de los bancos, que por ahora están cerrados.

Tsipras comenzó su carrera política en los años 90 como líder de las protestas escolares. Rápidamente ascendió hasta situarse al frente de los antiguos "eurocomunistas" y en 2004 fue elegido al frente de Syriza. Los vaivenes y las tormentas de la crisis financiera griega lo llevaron en enero de 2015 donde nadie lo esperaba: la esperanza de la izquierda griega terminó con el eterno intercambio de Gobierno entre conservadores y socialistas. Muchos griegos estaban cansados de las promesas de los viejos partidos gobernantes que habían llevado al país al abismo. Para muchos griegos, Tsipras sigue siendo un misterio. "Él tiene muchas caras. No lo puedo clasificar", señala un psicólogo en la ciudad portuaria griega de Tesalónica. Su estilo es inconfundible: siempre en camisa y saco, sonrisa compradora. El político de 40 años nunca usa corbata, aunque aseguró que comenzará a hacerlo cuando haya conseguido una quita de deuda para su país.

Agencia DPA

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