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UCR no se repone de la presentación de candidatos porteños
Enrique Nosiglia
En lo demás, en los candidatos que deben salir a la calle a competir, el radicalismo optó por un menú netamente nosiglista, que por ahora sólo sirvió para desplazar de la competencia a Facundo Suárez Lastra, a Enrique Olivera y a Ricardo Gil Lavedra. De todas las listas que están en juego: jefe de Gobierno, legisladores y diputados nacionales, la selección no tiene excepciones, salvo por los lugares que dejaron libres, como el segundo diputado, para que la oposición al nosiglismo pusiera su representación.
Así armada, la boleta parece una venganza contra Carlos Más Vélez, que le ganó dos veces el Comité Capital a Enrique Nosiglia y que en esta ocasión hizo hasta lo imposible por frenar esta lista. El alfonsinismo de Ricardo, de todas formas, debió haber actuado con más firmeza en el distrito, como ayer protestaban algunos militantes. Pero, además, parece más una nómina destinada a organizar una subsistencia de la UCR como ultraminoría del distrito que un intento por subir la puntería, aunque sea hacia la utopía de recuperar algo de la gloria pasada que los radicales dilapidaron en el distrito.
Hay un punto que no puede objetarse: si Nosiglia pretendía llevar un candidato a jefe de Gobierno porteño que estuviera a la cabeza de la lucha contra la nueva ley de medios no podría haber elegido a nadie mejor que Silvana Giudici.
Seducción
La actual diputada tiene, además, otra ventaja: Ricardo López Murphy ya se declaró absolutamente seducido por ella al punto que la quiere para ser su candidata a vicejefa de Gobierno en el caso de un acuerdo en la Capital.
Giudici lleva dos mandatos como diputada nacional. En 2003 ingresó a la Cámara por el Partido de la Ciudad, acompañando la boleta que llevó Aníbal Ibarra para su reelección como jefe de Gobierno porteño. Eligió Giudici marchar a la elección bajo una colectora de Ibarra que llevaba a Jorge Giorno como primer legislador porteño y logró una banca, aunque tuvo que enfrentarse luego a las malas lenguas que adjudicaron ese triunfo a que su papeleta tenía letras más grandes que la oficial de Ibarra que llevó a Norberto Laporta para la Legislatura local.
Experiencia en la Ciudad tiene de sobra: fue funcionaria en el área de inspecciones del Gobierno de Ibarra, adonde llegó de la mano del puntero de La Boca José «el Tano» Pamiotti y, tras la caída de Ibarra, Giudici asumió con Jorge Telerman en la unidad del Bicentenario.
Coincidencia
En ese punto, la lista del radicalismo porteño contiene una coincidencia que no parece casual: Palmiotti se reconoce como heredero del fallecido exdiputado Carlos Bello, tío a su vez del primer candidato a legislador porteño del armado que se presentó ayer, Víctor Hugo Salazar.
La lista de diputados nacionales que llevará el radicalismo está encabezada por Hernán Rossi, uno de los integrantes de La Cantera Popular, la agrupación que lidera Emiliano Yacobitti y, tras dejar un lugar libre para la oposición, se puso en el tercer puesto a otra histórica del alfonsinismo, Magdalena Iraizoz, exconsejera de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires en representación de los abogados.
Las sorpresas vuelven en la lista que presentó la UCR para legisladores porteños. Allí, todos son conocidos.
La encabeza Salazar, quien, en la práctica, es uno de los más cercanos dirigentes de Nosiglia, que se mantuvo bajo su ala desde el fallecimiento del boquense Bello. Esa relación de fidelidad se mantuvo incluso cuando Salazar tuvo complicaciones judiciales en la famosa causa de los «ñoquis» del Consejo Deliberante, aunque luego, el 9 de diciembre de 2009 el Tribunal Oral N° 16 de Capital Federal lo absolvió.
No tuvo la misma suerte ese día el padre de la ahora compañera de lista de Salazar, Marcela Larrosa. En esa sentencia, al exconcejal Norberto «Beto» Larrosa le tocaron dos años de prisión en suspenso por la misma causa.
Marcela, que ahora va en tercer puesto detrás de María Maratea (hija de Roberto, otro histórico del alfonsinismo), comenzó su carrera política en la militancia junto a su padre. Su currículum indica que fue directora del Jardín Rayito de Esperanza a fin de los 80, situado en la calle Murguiondo 4469, en Villa Lugano. Quizás fue la política la que le quitó tiempo para esos sueños de juventud al tener que pasar a revistar en la planta primero del Consejo Deliberante y luego de la Legislatura porteña.
Más tarde, accedió a una banca de legisladora, pero nunca se olvidó de la pasión de esa primera militancia, al punto que logró incluir en la Ley 320, del 21 de diciembre de 1999, subsidios para ese jardín dentro de una partida de más de $ 1 millón que incluyó a otras sedes para el cuidado de niños como los jardines Los Pochitos y Los Vecinitos, tarea en la que la ayudó su exnovio Cristian Caram, por entonces presidente de la Legislatura de la Ciudad.
Militancia no le falta a ninguno de los integrantes de la lista: casi todos ellos integraron la delegación del nosiglismo que viajó a Córdoba para apoyar el lanzamiento de la precandidatura presidencial de Ricardo Alfonsín, lo que, de todas formas, no alcanza a explicar cómo se llegó a ese final en el radicalismo de la Ciudad.


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