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UE y Brasil contra cambio climático
En una declaración al término de su tercera cumbre bilateral, celebrada en Estocolmo, ambas partes señalaron que la máxima prioridad es la de encauzar los compromisos globales de cara a la conferencia de la ONU sobre el clima que se celebrará en Copenhague en diciembre.
Sin proponer cifras ni fechas concretas para la reducción de emisiones, lo que sí subrayaron es que la temperatura media global no debería sobrepasar 2 grados respecto al nivel preindustrial, para lo que proponen compromisos vinculantes para los países desarrollados, así como acciones de mitigación de los efectos del calentamiento global «apropiadas» para los países en desarrollo.
En concreto, Lula se refirió, a la posibilidad de que cada país informe en Copenhague de sus emisiones contaminantes y de lo que está dispuesto a dejar de contaminar en un plazo concreto, desde Guinea-Bissau a EE.UU.
En su declaración, la UE y Brasil proponen que se fije «lo antes posible» el momento límite para que las emisiones globales y nacionales de dióxido de carbono empiecen a bajar, y reconocen que el plazo para los países en desarrollo sea más largo, ya que su prioridad es «el desarrollo socioeconómico y la erradicación de la pobreza».
De la versión final del texto han desaparecido fechas y cifras que se manejaban en los borradores, que fijaban ese «límite» en 2020, o que incluso llegaban a sugerir rebajar las emisiones globales para 2050 un 50% respecto a los niveles de 1990.
El primer ministro sueco y presidente de turno del Consejo Europeo, Fredrik Reinfeldt, admitió que hay «mucha preocupación por que no estemos haciendo suficientes esfuerzos» de cara a Copenhague. No obstante, reconoció la labor de Brasil para combatir el calentamiento global a través de su Plan Nacional y elogió la eficacia de su programa para reducir la deforestación de la Amazonía.
Las dos partes también reafirmaron su compromiso político de promover el uso de energías renovables, incluida la producción y empleo de biocombustibles sostenibles, y subrayaron la importancia del cultivo «agroecológico» de caña de azúcar en Brasil para este propósito.
En opinión de Lula, ese tipo de cultivos «no amenaza» la seguridad alimentaria ni la preservación de los bosques amazónicos, y la UE y Brasil ya han decidido impulsar su desarrollo juntos y con terceras partes como África, donde tienen planes de implantar una iniciativa conjunta para la producción sostenible de «bioenergía».
Agencia EFE


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