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UIA: “Sin el campo no vamos ni a la esquina”
Carlos de la Vega
El CES ya estaba «cocinado» en mayo, producto de una comisión «ad hoc» que presidió el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, e iba a ser anunciado el 25 de mayo, como parte del Pacto del Bicentenario. Sin embargo, la decisión de adelantar los comicios a junio tiró por la borda esa intención, y quedó para después de las elecciones. Ahora, tanto el Gobierno como los empresarios, ante la nueva realidad política, son conscientes de que se debe barajar y dar de nuevo: muchos de los contenidos de aquel CES quedaron barridos por el resultado electoral.
Condición
Por caso, Méndez aclaró de movida que sin el campo no se sienta más a negociar. De hecho, al mediodía del mismo martes durante la reunión del comité ejecutivo de la central fabril, Méndez preguntó si la UIA debía concurrir a la comida nocturna a pesar de que no se había convidado a las agropecuarias. Se puso a votación y hubo empate diez a diez; finalmente, Méndez inclinó la balanza hacia la concurrencia, pero con el mandato de «sin el campo, a ningún lado». En la cena, Méndez recordó que lo acompañaban dos directivos cuyas empresas dependen de la cadena agroindustrial, en referencia a Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza) y a Adrián Kaufmann Brea (Arcor). «Tener el campo en esta mesa es una condición sine qua non», enfatizó Méndez.
Sin embargo, otros directivos presentes recordaron que el lunes ni la Rural ni CRA habían aceptado sumarse a una reunión preparatoria para la comida del martes. Uno de esos dirigentes le dijo a este diario que el campo está autoexcluyéndose, lo que no es bueno para nadie.
Lo llamativo es que el taxista Omar Viviani, el más fiel ladero de Moyano, también esbozó una defensa de las entidades agrarias, y el otro sindicalista presente, José Luis Lingieri (Sanidad), se animó aún a más: «No podemos discutir nada más que de la Ley de Accidentes de Trabajo. Estamos ante un nuevo panorama político; la realidad cambió... Por eso, también va a haber que tocar el INDEC».
Pocos momentos después, Cristina de Kirchner ingresó al salón, donde ya se habían dado cuenta de una entrada de fiambres, una opción de lomo o salmón y un postre de crema rosa con una frutilla gigantesca («incomible», lo calificó uno de los concurrentes); instantes antes, Adelmo Gabbi -titular de la Bolsa porteña- había afirmado: «Dejamos de ser un país en desarrollo; hoy somos un país fronterizo».
A su turno, Carlos de la Vega y Eduardo Eurnekian habían pedido que la Argentina intentara recuperar un lugar en los mercados financieros internacionales, porque la falta de crédito (tanto para capital de trabajo como para la adquisición de bienes de capital) ya era dramática. Méndez aprovechó para recordar cifras de la UIA divulgadas el miércoles de la semana pasada: la compra de esos bienes había caído casi un 50% en un año, junto con la producción industrial, que se desplomó un 11% respecto de 2008.
La Presidente monologó a lo largo de media hora y llegó a decir que la cosecha va a llegar a los 100 millones de toneladas (no explicó cómo). También se explayó en las bondades de la reforma electoral que propone, y sus diferencias con sistemas anteriores, algo que los medios ya habían explicado hasta el hartazgo.


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