26 de julio 2013 - 00:00

Un autoexigente amante del teatro

Duilio Marzio amaba el teatro y no se perdía ningún estreno, pero su elevada autoexigencia lo había ido alejando de los escenarios. En la década del 50 estrenó "Las tres caras de Venus" de Leopoldo Marechal como integrante del teatro universitario de la Facultad de Derecho que dirigía Antonio Cunill Cabanellas: "Yo empecé a hacer teatro por gusto, por diletante, no sabía que iba encontrar allí mi verdadera vocación. Cunill que era catalán y un tipo simpatiquísimo enseguida me dijo: 'Tú de abogado nada, tú galán, galán...'." Esto dijo el actor en una entrevista con este diario, cuando a los 81 años participó en un nueva versión de dicha pieza en el Teatro Cervantes.

En su larga trayectoria, Marzio frecuentó todos los géneros, desde la comedia brillante ("Plaza Suite", "Mi adorado embustero" y el musical ("Aplausos", "Mi bella dama") hasta el drama psicológico ("La gata sobre el tejado de zinc caliente", "Becket o el honor de Dios" "Equus", "Al fin y al cabo es mi vida"). Entre sus últimos protagónicos cabe destacar una sorprendente caracterización de Jorge Luis Borges (en "Borges y Perón" de Enrique Estrázulas, también estrenada en el Cervantes y por la que recibió varias distinciones.

En 1960 Lee Strasberg lo invitó a estudiar con él, en su paso por Buenos Aires, luego de verlo en "El sirviente" de Harold Pinter. En Nueva York tuvo de compañera a Marilyn Monroe: "Bellísima mujer. Me preguntó de dónde venía y nos pusimos a charlar. Era realmente deliciosa, pero en clase nadie le daba bola, tal vez no querían molestarla".

Pese a su exquisita amabilidad Marzio tendía a bajarse de los espectáculos en pleno proceso de ensayos. El argumentaba: "A mí siempre me quieren dar papeles de millonario o de hombre culto, pero yo cada vez que tuve guita me largué a hacer papeles bien diferentes a esos".

En últimos años recordaba con especial gratitud su participación en "Reconocernos", un espectáculo de Oscar Barney Finn que recorría la historia argentina a través de la literatura y la poesía. "No quiero ser soberbio", explicaba entonces, "pero entiéndame yo prefiero hacer cosas que me interesen, que me calienten. No puedo trabajar de otra manera".

P.E.

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