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Un conflicto que se remonta al siglo XVI
La situación geopolítica del Cáucaso, entre los mares Caspio y Negro y Europa y Asia, y la riqueza de hidrocarburos hicieron que esta zona fuera manzana de la discordia entre las grandes potencias.
La conquista rusa del Cáucaso Norte, o Ciscaucasia comenzó en el siglo XVI y terminó en la segunda mitad del XIX, aunque el conflicto y los brotes de violencia perduran hasta la actualidad.
Los primeros rusos en llegar a estas tierras fueron los cosacos, que se asentaron en las llanuras al pie de la gran cordillera.
Sin embargo, sólo más de 200 años de guerra y los esfuerzos de uno de los imperios más poderosos del mundo permitieron a Rusia terminar en 1859 la conquista de sus regiones montañosas, lo cual posibilitó asegurar las comunicaciones con Georgia, anexionada en 1800, y Azerbaiyán y Armenia, conquistadas a Persia a fines del siglo XIX.
No obstante, los brotes de resistencia en las montañas del Cáucaso Norte volvían a surgir cada vez que Rusia se veía debilitada.
Así ocurrió tras la revolución de 1917, cuando el Ejército Blanco se vio obligado a retirar las fuerzas tan necesarias en su ofensiva contra Moscú, entonces la capital de la Rusia bolchevique, para asegurar su retaguardia de los ataques de los destacamentos montañeses.
Esos destacamentos se sumaron más tarde a su aliado, el Ejército Rojo, en la conquista de las repúblicas de Azerbaiyán, Armenia y Georgia.
Integradas primero en la República Soviética de los Montañeses, pasaron luego a ser repúblicas autónomas en el marco de la Federación de Rusia.
Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, el resurgimiento de la resistencia desató nuevos enfrentamientos entre las tropas del Ejército soviético y los destacamentos rebeldes y en 1944 sirvió de pretexto para la deportación a Asia Central de los «pueblos traidores», los chechenos, ingushes y balkares.
Tras la muerte del dictador soviético José Stalin y la llegada del «deshielo», se les permitió regresar al Cáucaso y fueron restablecidas las repúblicas autónomas, aunque en algunos casos sus fronteras debieron de ser recortadas, lo cual sembró las raíces de nuevos futuros conflictos en la zona.
Fueron éstos los primeros en estallar durante la breve pero turbulenta perestroika emprendida por el presidente soviético Mijaíl Gorbachov a fines de la década del 80. Por entonces, el más sangriento fue el conflicto entre los ingushes y los osetas, que terminó con la expulsión total de los primeros de la zona oriental de Osetia del Norte, que hasta 1944 les perteneció.
No obstante, en 1991, cuando Chechenia se proclamó independiente de Rusia (después de que las autoridades rusas se independizaran de hecho de la URSS), los ingushes decidieron seguir formando parte de la Federación Rusa.
Las autoridades rusas respondieron a Chechenia con el empleo de la fuerza.
Las vecinas repúblicas caucásicas permanecieron neutrales en la guerra, aunque en la guerrilla chechena hubo voluntarios de otras etnias caucásicas y los pueblos del Cáucaso del Norte no ocultaron sus simpatías hacia sus vecinos chechenos.
El enfrentamiento decisivo se produjo a fines de 1994, cuando Moscú inició una verdadera guerra contra Chechenia.
Un país arrasado, la capital, Grozni, reducida a escombros, decenas de miles de muertos y desplazados fue el resultado de aquella primera contienda que, no obstante, terminó en 1996 con la derrota del Ejército ruso.
En el acuerdo de Jasaviurt, firmado el 31 de agosto de 1991, Rusia reconoció de facto la independencia de Chechenia, aunque las partes acordaron postergar por cinco años la decisión definitiva sobre su estatus.
Las elecciones presidenciales del 27 de noviembre de 1996, celebradas en presencia de observadores rusos y extranjeros, dieron la victoria al jefe militar checheno, Aslán Masjádov (59,3%), seguido por otros ex comandantes guerrilleros no menos independentistas.
No obstante, los permanentes conflictos entre los señores de la guerra y la creciente influencia de los islamistas radicales debilitaron el poder de Masjádov.
En 1999 varios destacamentos chechenos entraron en las regiones fronterizas del vecino Daguestán, dando a Rusia el pretexto para reiniciar la guerra contra Chechenia el 30 de setiembre de 1999.
A fines de marzo las tropas rusas controlaban casi toda Chechenia y los independentistas pasaron a la lucha de guerrillas, que fue degenerando cada vez más en terrorismo de grupos islamistas radicales.
La extensión de las operaciones de la guerrilla a las repúblicas vecinas y en sumo grado el comportamiento de las tropas rusas en todo el Cáucaso hicieron que poco a poco la violencia se fuera extendiendo por la región.
El caso más conocido fue la toma de rehenes por un comando checheno en una escuela de Beslán, en Osetia del Norte, y el posterior asalto de las fuerzas rusas, que arrojó un saldo de más de 300 muertos, en su mayoría niños.
Con el paso del tiempo, los ataques guerrilleros y atentados terroristas son incluso más frecuentes en la República Ingush y en Daguestán que en Chechenia, donde el presidente prorruso, Ramzán Kadírov, ha declarado una guerra sin cuartel a los integristas.
Agencia EFE


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