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Un día de paz en la ciudad de Jesucristo
Al menos 5.000 personas se aglomeraron en la plaza principal, localizada entre la Basílica de la Natividad, uno de los templos cristianos en uso más antiguos, y una mezquita, vigilados por un imponente servicio de seguridad.
Una inmensa bandera palestina cubría el muro frente al altar montado para la misa del Papa.
En primera fila estaban los dirigentes palestinos, con gorras a cuadros grises y blancas parecidas al tradicional pañuelo palestino.
Como la víspera en Jerusalén, la gente izaba banderas de varios países de América Latina, entre ellos México y la Argentina y también de Polonia y Croacia.
Numerosos niños acudieron a la misa, algunos de ellos luciendo remeras con la foto del Pontífice y otros con la del presidente palestino Mahmud Abás.
La autoridad palestina decretó feriado y no hubo obligación de asistir a los colegios.
Sobre un lado de la plaza, numerosos parientes mostraban la foto de los familiares que se encuentran detenidos en las cárceles israelíes.
Para Sari, de 50 años, que viajó con la esposa y sus hijos de Jerusalén porque no pudo ir a la misa papal del martes, esta fue una «visita histórica» para Palestina.
«Espero que Israel tenga en cuenta las palabras del Papa, es importante para ellos también, porque habla de paz, amor y perdón», dijo.
Un centenar de personas proveniente de Gaza esperaba con ansia una palabra del Papa con la que denunciara la situación de ese enclave sometido a un severo bloqueo por parte de Israel desde junio de 2007. El Pontífice no los decepcionó. Desde el inicio de la homilía reclamó que se levante «en breve» el bloqueo de Gaza, una frase que arrancó aplausos.
«Para los católicos de Gaza la visita del Papa es bienvenida, les da coraje», aseguró el cura argentino Jorge Hernández, párroco de la única iglesia católica de la Franja, donde los fieles católicos son unos 250 sobre una población de un millón y medio.
«El Papa pudo ver con sus ojos cómo vivimos, la terrible situación en la que estamos. Queremos que el bloqueo sea levantado, que nos den un poco de libertad», pidió Nevine, de 38 años, una de las habitantes de Gaza que pudo asistir a la misa.
Agencia AFP


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