Un estado presente

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No hay dudas que el Gobierno del Ing. Mauricio Macri se va a encontrar con una situación económica por demás complicada. Esto es consecuencia de las malas políticas que se han venido aplicando, particularmente durante la última parte de la segunda presidencia de la Dra. Cristina de Kirchner.

Recientemente hemos dicho que este descalabro es consecuencia de una cierta incomprensión por parte de las autoridades respecto de la naturaleza y el funcionamiento de los mercados. La Argentina es un país capitalista, es decir su economía se basa en un sistema de precios.

En esta etapa del desarrollo de la ciencia económica está claro que el Estado tiene que tener un rol muy activo en la economía, por ejemplo en los mercados que presentan una oferta monopólica, para desconcentrarlos, promoviendo la competencia, o en aquellos casos en que el mercado presenta fallas, que se estudian en todos los libros de microeconomía.

Pero, más allá de estos casos, un sistema de precios le reserva a los mercados libres la función de ser el asignador de recursos por excelencia, ya que, en el marco de un razonable sistema tributario, es el modo conocido que más eficientemente desempeña este rol. El sistema tributario tiene que favorecer la inclusión social y la mejora en distribución del ingreso.

Nada de esto se ha respetado en estos años y la consecuencia es que se ha destruido el trípode virtuoso que tan exitosos resultados había obtenido en el quinquenio que se inicia en el año 2003.

Nos referimos a un tipo de cambio competitivo, los superávits gemelos y una inflación de un dígito. Por el contrario, las medidas del Gobierno hicieron que el tipo de cambio, usado como anclaje para contener la inflación, dejara de ser competitivo, la política económica fue muy intervencionista y el déficit fiscal alcanzó niveles de descontrol financiado por una emisión monetaria también descontrolada.

¿Qué esperamos que haga el nuevo Gobierno? Volver a un tipo de cambio competitivo, al superávit fiscal y al comercial, todo ello sostenido por una política monetaria razonable que se plantee y esté en línea con objetivos de inflación. Todo ello va a recomponer esta extraordinaria distorsión de precios relativos que tiene la economía.

Es verdad que las condiciones internacionales no son tan favorables como las que se presentaron a partir de 2003. Pero, no nos cabe ninguna duda, son los méritos propios del Gobierno saliente los primeros responsables de esta situación tan complicada.

Somos optimistas a ultranza, confiamos en nuestros recursos y en la calidad de nuestra gente y estamos seguros de que vamos a salir adelante.

(*) Presidente de ADEBA

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