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Un flamenco universal
Pero la ecuación terminaría de cerrarse cuando en la década del '60, siendo Paco todavía muy joven, conoció a José Monje Cruz, o "Camarón de la Isla", con quien se relacionó, con quien trabajó y con quien formó una alianza que terminaría por dar forma a esto que hoy conocemos como el flamenco moderno. Y allí está una obra que más allá de las innumerables actuaciones, quedó reflejada en 10 discos conjuntos que hicieron entre 1968 y 1977.
Con Camarón desde el cante y la composición y con Paco desde la creación de toques y, fundamentalmente, desde su concepción arreglística y su modo de pulsar la guitarra, el flamenco salió del ghetto de lo regional, de lo folklórico, de lo "étnico", para adquirir repercusión internacional. Y así como Camarón había reformulado el repertorio hacia el pop, De Lucía fue, por ejemplo, quien sumó sonidos latinos, introdujo el bajo eléctrico y la flauta e instaló definitivamente el cajón peruano en el género.
Esa actitud aperturista lo llevó a recorrer los escenarios de todo el mundo y a relacionarse con los más importantes artistas. Aunque sin dudas, quedará para siempre en el recuerdo la asociación con sus colegas guitarristas Al Di Meola y John Mc Laughlin, con quienes dejó un inolvidable disco en vivo, "Viernes a la noche en San Francisco", grabado en 1981.
La Argentina fue un lugar en el que siempre tuvo un público muy acogedor y un país que visitaba con cierta regularidad. Curiosamente, cuando estuvo en Buenos Aires para llenar por dos noches el Gran Rex, en noviembre pasado, hacía 14 años que no venía a nuestro país. Pero lo que nadie podía imaginar que esos conciertos, al frente de un septeto, serían también la despedida.
Paco de Lucía grabó unos 40 discos propios, entre el primero, "Los chiquitos de Algeciras", junto a su hermano Pepe de Lucía en 1963, y el último, "En vivo", en 2011. Además participó como invitado de Mc Laughlin, Chick Corea, Bryan Adams, Djavan, Di Meola y muchos más.
Era un fumador empedernido. Y como paradoja del destino, su amigo Camarón también había muerto muy tempranamente con una fuerte adicción al tabaco. Se reconocía anarquista y descreído de los políticos. Era clásico su gesto adusto sobre los escenarios, aunque quienes lo conocieron en la intimidad hablaban de su buen humor y de su gracia para contar chistes. Serio en el armado de sus espectáculos, todo parecía estar siempre bajo control y ser el producto de mucho tiempo de planificación, de trabajo y de ensayo. Españolisimo hasta la médula en su país se ha producido una verdadera conmoción con su muerte-, vivía hace tiempo en Cancún, México. Le gustaba ese lugar y allí estaba, jugando en la playa con sus nietos, cuando un infarto interrumpió prematuramente su tiempo en este mundo en la madrugada de ayer.


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