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Un giro audaz, no exento de riesgos
Inteligentemente, Obama sugiere ahora un giro completo, que pasa por reforzar los intercambios entre EE.UU. y la isla. Para eso elimina las restricciones a los viajes de los cubanoestadounidenses, libera el envío de remesas, fomenta la instalación de empresas de telecomunicaciones y avanza hacia el restablecimiento de los vuelos comerciales. La idea es que un creciente contacto de una población empobrecida con la principal potencia capitalista del mundo será un aliciente poderoso para la apertura y la democratización.
Por otro lado, Obama pretende forzar a los Castro a tomar medidas de reciprocidad, imprescindibles para las inversiones en materia de telecomunicaciones, televisión satelital, telefonía móvil y vuelos. La ausencia de esos pasos dejará todavía más al desnudo -si es que eso es posible- el carácter represivo del régimen, privándolo de esgrimir como eterna justificación precisamente la existencia de restricciones por parte de Washington.
En otro orden, la audaz movida de Obama pone en aprietos a las organizaciones del exilio cubano, algo que quedó en evidencia ayer mismo, a juzgar por la diversidad de sus reacciones.
«Es un paso significativo en esta nueva dirección de la política de EE.UU. respecto de Cuba, un paso que habíamos recomendado», dijo a la agencia EFE Francisco Hernández, presidente de la poderosa Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA). En tanto, Ninoska Pérez, presidenta del Consejo por la Libertad de Cuba, estimó que el régimen «se va aprovechar de esta debilidad de Obama», que decidió abrir la mano sin exigir ningún gesto de reciprocidad.
La división de opiniones no sorprende, ya que desde hace mucho las organizaciones anticastristas de Miami se debaten entre la necesidad de impulsar estrategias alternativas al inútil embargo, el deseo de que mejoren las condiciones de vida de sus familiares en Cuba y el rechazo a la posibilidad de que los Castro se beneficien de un relajamiento de las restricciones.
Las organizaciones del exilio tienen, además, un motivo poderoso para desconfiar. Por primera vez desde Jimmy Carter, la Casa Blanca muestra iniciativa y una relativa independencia con respecto a su poder de lobby, un hecho que permite conjeturar cambios aún más importantes a futuro y del que deberían tomar nota otros grupos de presión, como el proisraelí.
Pero hay otro factor que genera desconfianza en los más duros. La liberación completa de los viajes y las remesas supone una bocanada de oxígeno para el régimen, ya que permitirá mejorar las condiciones de vida de buena parte de la población y monetizar una economía en agudo marasmo.
Algunas cifras permiten mensurar el fuerte impacto que tendrá esta medida en la pequeña economía cubana. Según la CEPAL, las remesas que envían los cubanoestadounidenses a la isla ascienden a unos u$s 1.000 millones por año. Estimaciones preliminares, indicaban ayer que la liberación de los envíos de efectivo y de los viajes podrían suponer unos u$s 500 millones suplementarios, un espectacular incremento del 50%. No es poco para una economía que exportó en 2008 un total de u$s 3.700 millones. ¿Un salvavidas para Fidel y Raúl?


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