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UN INTENTO QUE EXIGE MÁS DEFINICIONES
El no tomar deuda en el exterior y el cierre del financiamiento privado potencian la percepción de que los dólares son y serán aún más escasos.
En 2009, en plena crisis internacional, el Gobierno instrumentó un blanqueo que le significó un ingreso de u$s 4.800 millones, equivalentes al 1,6% del PBI. A diferencia del actual, que no tiene costo alguno, las tasas aplicadas entonces oscilaron entre un 1% y el 8%, según el destino de los fondos. La otra gran diferencia fue que en 2009 se permitieron blanquear tanto pesos como dólares y otras monedas extranjeras.
La iniciativa actual admite una única lectura: el Gobierno reconoce problemas con el flujo de dólares que ingresan al BCRA. En el último año se perdieron reservas por 8.100 millones de dólares, y si bien el stock sigue siendo suficiente para atender los pagos por importaciones, deuda y gastos de argentinos en el exterior (por turismo, fundamentalmente), la decisión política de no tomar deuda fuera del país y el cierre casi completo del financiamiento privado potencian la percepción de que los dólares son y serán aún más escasos.
Cuánto se puede captar de los ahorros no declarados de los argentinos es debatible y dependerá básicamente de las incentivos y de las reglas de juego, que hasta ahora han sido poco favorables. Un monto similar al del blanqueo de 2009, o incluso algo menos, podría considerarse un éxito, permitiendo recuperar, al menos por un tiempo, la mitad de los dólares perdidos en el último año.
La iniciativa camina por dos senderos, uno ligado a las inversiones energéticas y el otro al estímulo del mercado de viviendas nuevas y usadas, muy castigado en el último año. Marginalmente, podría también tener algún efecto sobre el precio del blue. La intención de absorber dólares, vía el BADE, para el financiamiento del programa de inversiones de YPF, que demandará fondeo por 32.600 millones de dólares en 5 años, busca abrir opciones ante la dificultad de la compañía de colocar deuda en el exterior a tasas competitivas.
Pero también persigue compensar, en parte, el impacto que estas inversiones tendrán sobre las cuentas externas. En su mayoría, son equipos y partes y piezas importados, que deben pagarse con dólares oficiales que salen directamente de las reservas del Banco Central. El proyecto supone, además, que el Gobierno claudica parcialmente con la bandera de la pesificación, que levantara un año atrás cuando impuso el cepo cambiario. En concreto, se pretende reanimar al deprimido mercado inmobiliario y de construcción (que no logra reaccionar ni siquiera con el plan Pro.Cre.Ar), admitiendo que las operaciones se hagan en dólares a través del CEDIN, un instrumento nominativo que en el mercado secundario podrá negociarse en pesos.
Aquí aparece una fuente potencial de nueva oferta en el mercado blue; si los CEDIN logran ser aceptados en las futuras operaciones inmobiliarias (porque no sufren descuentos significativos), parte de esas nuevas transacciones proveerán oferta adicional de dólares. En un sentido, por medio de los CEDIN, el mercado blue se puede ampliar y también se formaliza.
Sin embargo, como es un blanqueo sólo de moneda extranjera y no de pesos no declarados, paradójicamente el proyecto puede potenciar la demanda blue para aquellos que quieran ordenar sus posiciones fiscales ante la AFIP, estén en pesos y necesiten pasar por el dólar para blanquearse.
Qué efecto prevalecerá sobre el precio del blue, nuevamente, depende de las señales. El CEDIN puede aumentar la oferta de dólares en ese mercado, no así el BADE, que sólo impactará sobre las reservas del Central, no conectadas con el blue. Lo que finalmente ocurra dependerá de las expectativas, de las decisiones de mantenerse en pesos o en dólares de los que participen en estos mercados.
El punto de fondo es que los nuevos instrumentos financieros que blanquearán capitales no declarados no parece que tengan impacto sobre las expectativas, hoy decisivas en la formación del blue. Si la señal tranquilizadora no llega pronto, los que tengan dólares seguirán retrayendo la oferta y los que no los tienen, convalidarán cualquier precio. Éste es el nudo que hay que desatar. El proyecto vincula sólo marginalmente los nuevos instrumentos con el flujo de oferta de blue y no está asociado a mejorar las condiciones de rentabilidad de las colocaciones en pesos. De eso se trata; de que los argentinos obtengan rendimientos por sus ahorros en moneda local superiores a la inflación y que las empresas ganen a través de sus inversiones productivas más que con la especulación financiera.
Bajar la inflación, desinflar las expectativas y recuperar la credibilidad son tres de los desafíos básicos que enfrenta el Gobierno para resolver el dilema del blue y, en especial, para corregir los desequilibrios que su perpetuación puede generar sobre la inversión, el consumo y el empleo. Con esta brecha, el crecimiento será cada vez más bajo, eso está claro.
*Director de Analytica Consultora
@delgado_rr

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