16 de agosto 2023 - 00:00

Un liberal en lo económico y conservador en lo político

Asunción - Sonriente y amable, Santiago Peña es un economista liberal-conservador de 44 años que pretende marcar ahora su impronta como presidente y dejar atrás la imagen de mero delfín del exmandatario Horacio Cartes (2013-2018).

Peña, el gobernante más joven en la era democrática de Paraguay, llegó a la presidencia bajo la pesada tutela de Cartes, un influyente político de 68 años que es también un rico empresario tabacalero y que ha sido sancionado por Estados Unidos como “significativamente corrupto”.

Alto y de porte atlético, este exjugador de rugby es considerado como un tecnócrata con una brillante carrera académica, pero con poca experiencia política.

Estudió economía en la Universidad Católica de Paraguay e hizo una maestría en la de Columbia (Nueva York). En su experiencia internacional, trabajó en el Departamento de África del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington.

Entre 2000 y 2009 fue funcionario del Banco Central. En 2012 integró el Directorio del Banco Central y en 2014 fue nombrado ministro de Hacienda por Cartes, quien lo hizo afiliarse al Partido Colorado (conservador), que ha dominado la vida política de Paraguay desde el siglo XIX.

En 2017 perdió en elecciones primarias ante Mario Abdo Benítez la posibilidad de postular a la presidencia, oportunidad que recuperó cuatro años después.

Para atacarlo, sus adversarios le llaman “el secretario de Cartes”. Pero él parece no sentirse afectado.

Perfil

Hijo del economista José María Peña y de la argentina Ana María Palacios, el nuevo presidente es el menor de tres hermanos.

Está casado con Leticia Ocampos, con quien tuvo su primer hijo, Gonzalo, antes de cumplir los 18 años. La pareja tiene también una hija, Costanza, de 16.

De perfil conservador, se opone al aborto por considerarlo “un atajo, lo más fácil”, y también rechaza el matrimonio igualitario.

“Defiendo la familia en su composición tradicional: mamá, papá e hijos”, dijo. Recientemente apoyó al Congreso, que rechazó una donación de 38 millones de euros para un proyecto educativo por utilizar el lenguaje inclusivo.

“A los niños no se les puede inculcar desde temprana edad que el que quiere ser niño se sienta niño y el que se sienta niña sea niña, no. El sistema escolar no puede modificar eso. Valoramos cuando viene alguien a donar dinero, pero el dinero no puede condicionar nuestro estilo de vida y nuestras creencias”, dijo.