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Un libro expone como nunca el desgobierno en la Casa Blanca de Trump
Revela una atmósfera de insultos y burlas, que los jefes militares desoyen sus órdenes y que asesores cercanos le robaron documentos de su escritorio para evitar que rompiera acuerdos comerciales.
Miedo. Trump en la Casa Blanca. Tal es el elocuente título del nuevo libro de Bob Woodward.
"Una y otra vez, Woodward cuenta detalladamente cómo el equipo de Seguridad Nacional de Trump se sorprendió por su falta de curiosidad y de conocimiento acerca de los asuntos mundiales y su desprecio por las perspectivas principales de los jefes militares y de inteligencia", añadió.
Como ejemplo de esto, citó el caso de una reunión del Consejo de Seguridad Nacional en la que Trump ignoró la importancia de una presencia militar estadounidense masiva en la península de Core, incluyendo una operación de inteligencia fundamental para detectar lanzamientos de misiles norcoreanos en siete segundos, algo que podría resultar fundamental en caso de un ataque a Alaska, por caso. Para Trump era solamente un derroche de dinero.
"Hacemos esto para impedir una tercera guerra mundial", le dijo, exasperado, el secretario de Defensa, Jim Mattis. Una vez que el mandatario se retiró de la reunión, el jefe militar comentó que este había actuado "como un chico de quinto o sexto grado", dijo Woodward.
"Los secretarios de Defensa no siempre eligen al presidente para el que trabajan", dijo Mattis a allegados, según la futura publicación.
El autor cuenta que son frecuentes en la Casa Blanca los malos tratos de Trump a sus funcionarios, incluidos los de primera línea, a quienes imita a sus espaldas y de cuyos defectos físicos se burla. También lo son los comentarios despectivos de éstos hacia él. Al respecto, menciona que el jefe de Gabinete, John F. Kelly, llegó a calificarlo de "desquiciado".
"Es un idiota". No tiene sentido tratar de convencerlo de nada. Ya descarriló. Estamos en Crazytown (la ciudad de los locos). Ni siquiera sé por qué estamos acá. Este es el peor trabajo que tuve", dijo Kelly, en otra ocasión, a gente de su confianza.
Jeff Sessions, el secretario de Justicia (fiscal general), uno de los primeros apoyos que tuvo Trump dentro del Partido Republicano pero a quien éste le reprocha amargamente la "traición" de haberse excusado en las cuestiones referidas al Rusia-gate, es uno de los objetos predilectos de la ira presidencial.
Imitando el acento de Sessions, Trump llegó a decir: "Este tipo es un retardado mental. Es un sureño estúpido. No podría ser ni el abogado de una sola persona ahí en Alabama".
Woodward relata que cuando el dictador sirio, Bashar al Asad, lanzó un ataque químico contra civiles en abril de 2017, Trump llamó a Mattis y le ordenó que preparara una misión para asesinarlo. "¡Vamos a matarlo! Entremos. Vamos a matar a todos esos malditos", dijo.
Mattis le aseguró que lo haría, pero ni bien colgó el teléfono, le dijo a un asistente: "No vamos a hacer nada de eso. Vamos a ser mucho más medidos". Fue así como diseñó, ignorando una orden del comandante en jefe, opciones para un ataque aéreo, que fue lo que finalmente autorizó el presidente.
Gary Cohn, ex asesor económico jefe de la Presidencia y veterano de Wall Street, intentó limitar el proteccionismo comercial del mandatario. Fue así como "robó una carta del escritorio de Trump", por la que este retiraba formalmente a Estados Unidos de un acuerdo comercial con Corea del Sur. En un diálogo reservado, más tarde Cohn confesó haber destruido la carta para proteger la seguridad nacional. Lo más insólito: Trump no se dio cuenta de que no la tenía.
Lo mismo hizo poco tiempo después, cuando el republicano ordenó redactar la denuncia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA).
"Puedo detener eso. Voy a tomar el papel de su escritorio", dijo Cohn.


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