22 de mayo 2014 - 00:00

Un mensaje a dos voces de vocación expansionista

Pekín - El presidente ruso, Vladímir Putin, se fue ayer de China con un acuerdo firmado "in extremis" para suministrar gas natural a la potencia asiática, la prueba más destacable, pero no la única, de la firme alianza entre las naciones vecinas cuando ambas experimentan cierto aislamiento de Occidente.

"No sería una exageración si dijera que la cooperación entre nuestros dos países está en el mejor momento de la historia", dijo el jefe del Kremlin a algunos medios chinos en la víspera de su visita a China (Shanghái), concretada el lunes y ayer.

A último momento, Putin pareció concluir el viaje con sus objetivos cumplidos, después de brindar ayer con Xi al celebrar la firma de un gran acuerdo entre la rusa Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), por el que la segunda economía mundial comprará a Rusia algo menos de la cuarta parte del gas natural que consumió el pasado año (ver página 16).

El acuerdo sobre el precio final, que no resulta una ganga para China pero es inferior a lo que Rusia pedía inicialmente, fue la principal causa de la demora de las negociaciones, y muchos expertos sugieren que son las circunstancias las que facilitaron el consenso.

En particular, las sanciones de Europa y EE.UU. a Rusia por su actuación en Ucrania, que apremiaron a Moscú a buscar nuevos compradores de gas natural y a reducir quizás sus exigencias a Pekín, que por otra parte tampoco quiso hacer leña del árbol caído, a juzgar por el precio de la transacción.

Así lo sugiere el subdirector del Centro de Estudios Internacionales de la prestigiosa Universidad Popular, Cheng Xiaohe, quien aseguró que la potencia asiática "no presionó mucho porque necesitamos una cooperación basada en el largo plazo, no en el corto", como da fe el plazo de 30 años del contrato.

Además, con la firma, Rusia y China emiten un mensaje de unión mientras ambos países experimentan cierto aislamiento por parte de Occidente debido a la situación en Ucrania, en el caso ruso, o los conflictos en los mares de Asia Oriental por la parte de la segunda economía mundial.

Ucrania, conflicto en el que China hizo verdaderos malabares diplomáticos para no posicionarse contra Rusia sin abandonar su política de no injerencia, no enturbió a simple vista la relación entre las naciones vecinas, con más intereses en común que en contra.

En otra prueba de su sintonía, ambas potencias emprendieron maniobras conjuntas militares no lejos de la costa de Shanghái, una oportuna exhibición de fuerza en un momento en el que Pekín siente que EE.UU. trata de frenar su ascenso en la región Asia Pacífico y se multiplican sus conflictos territoriales con los países vecinos.

El alarde de potencia y sincronía coincide con una seria crisis entre China y Vietnam en los últimos días, a raíz de las exploraciones petrolíferas que la potencia asiática inició en las aguas cercanas a las islas Paracel (en el mar de la China Meridional), pertenecientes a Pekín pero reclamadas por Hanoi, lo que ha despertado las preocupaciones de Washington.

Tampoco es menor que ambos países hayan firmado una declaración conjunta en la que, entre otras cosas, expresaron su "seria preocupación sobre el uso de la tecnología y la información para objetivos que van en contra de mantener la estabilidad y la seguridad internacional".

La declaración surgió poco después de que China tildara de "hipócrita" a EE.UU. por culpar al Ejército de la potencia asiática de actividades de espionaje industrial, cuando, según Pekín, es el país norteamericano el que ha llevado a cabo "actividades a gran escala de robo de datos cibernéticos y vigilancia".

Puede ser en parte esa hostilidad que ambos países sienten de parte de Europa o EE.UU. hacia sus expansivas políticas regionales en Crimea y el este ucranio, en el caso ruso, o en los mares de China, en lo que concierne a Pekín, la que haya favorecido el entendimiento entre las dos potencias.

Una sólida relación que, aunque mantienen desde hace años, como atestigua el hecho de que China sea el principal socio comercial de Rusia, atraviesa ahora "un momento crítico para que ambos países rompan juntos su cierto aislamiento diplomático", señaló Cheng. Y de paso diseñar un nuevo mapa energético de espaldas a Occidente.

Agencia EFE

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