El punto no es que el gobierno chino redujo los encajes bancarios -segunda vez en nueve meses- y las tasas de depósitos y préstamos -quinta vez- al mínimo por lo menos desde el 2000. El punto es que el gobierno de Beijing continúa insistiendo con las mismas medidas -de corte keyneseano-, con las que ha fracasado una y otra vez (la Bolsa de Shangái retrocedió el 7,6%), para tratar de impulsar su economía. Como anécdota, podemos anotar que en promedio, a diez días de cada uno de estos eventos, el dólar trepaba el 3% ante la canasta de monedas, los commodities retrocedían el 4% y la tasa y el Dow desandaban el 1%. De todas maneras "el mundo financiero" arrancó haciendo de cuenta que le creía a los chinos (si bien, la inflación implícita en los bonos del tesoro a 10 años estaba en 1,53%, tercer mínimo desde abril de 2009). Comenzamos así con subas generalizadas: las bolsas europeas avanzaron 4,2% (máximo desde 2011) y pasado mediodía el Dow ganaba 2,78% y el Merval 4,47%. A las dos de la tarde el mercado comenzó a ceder terreno y 45 minutos antes del cierre se despeñó sin causa visible, de manera que, al sonar la campana, el Dow perdía 1,29% (mayor reversión desde 2008) y nuestro mercado 0,56%, cerrando en 9.777,73 puntos. Por un lado, el Macro, el Grupo Galicia y la Petrobras brasileña, que lideraron las subas cedían terreno, mientras YPF profundizaba su baja, a la que sumaba Tenaris, Edenor y Siderar. Al final, en una rueda "teñida de azul", se negoció en riesgo $ 150 millones, con 26 alzas, 15 sin cambio y 24 bajas. El bajo volumen alimentó los comentarios sobre que podría anunciar hoy la Presidente en su última visita como tal a la Bolsa de Comercio. En particular, si finalmente autorizará el funcionamiento del B&MA y si permitirá el ajuste por inflación de los balances. Las apuestas no son altas.
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