Un ogro cansado que busca su identidad

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«Shrek para siempre» («Shrek Forever After», EE.UU., dobl. al esp. y habl. en inglés). Dir.: M. Mitchell. Voces (vers. en inglés): M. Myers, E. Murphy, C. Díaz, A. Banderas. 

Las secuelas de los grandes títulos de animación de los años 90 tienden a debilitarse a lo largo del tiempo. Ocurrió con «Toy Story 3» y más ostensiblemente aun ocurre con esta cuarta parte de la exitosa criatura verde de Dreamworks, «Shrek para siempre», primera en ser concebida en el formato 3 D.

El tipo de humor que hizo explosión en su capítulo inicial, basado casi excluyentemente en la reinterpretación paródica de los personajes clásicos de la literatura infantil, ya había dado muestras de agotamiento en la segunda parte; si la tercera terminó por confirmar la imposiblidad de seguir exprimiendo la fórmula, esta cuarta parte (en verdad, algo superior a su precedente) busca algo así como un nuevo punto cero, aunque sus resultados demuestren más esfuerzo que auténtico placer.

A diferencia del cine de acción real, el de animación no admite, como en los casos de Superman, Batman y próximamente El hombre araña, ciclos diferentes en distintos momentos históricos, con renovación completa de elenco y estética. El único cambio posible es el técnico, aunque más allá del añadido del 3 D no es mucho tampoco lo que se avanzó en este aspecto (ni falta que hace) con respecto al film inicial de 2001.

Así, en su búsqueda de refrescar una historia ya de por sí exhausta, «Shrek para siempre» se traslada a una «realidad paralela» en donde todo es nuevo. El ogro, cansado de su vida rutinaria y de no asustar ya a nadie (auténtica proyección psicológica de los responsables de la serie), se aviene a un pacto fáustico con el villano de esta parte, Rumpelstiltskin (personaje que termina compitiéndole en protagonismo), por el cual se trasladará a un tiempo en el que él recobrará su poder.

Como en el cuento de Papini, Rumpelstiltskin, a cambio, le exige a Shrek un día de su vida, pero lo que ignora el ogro es que elegirá el de su nacimiento, es decir, modificará la historia (un poco también como en «Volver al futuro»). En ese mundo Fiona es una guerrera que no cree en el amor, el Burro es sólo eso, y el Gato con Botas es un gordo barrigón. Sólo a través de un beso de amor auténtico con Fiona, nueva parodia a Disney, el reino conocido podrá recobrar su identidad.

La película cuenta con las suficientes escenas de acción y vértigo como para que los chicos la pasen bien en el cine. Sin embargo, aquel antiguo humor cómplice con los adultos será extrañado. La Dreamworks adelantó que será esta la definitiva última parte de «Shrek», pero también Mirtha Legrand promete año tras año que terminará con sus almuerzos.

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