Un papelón favorable

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Cuando la crisis arreciaba a principios de 2009, parecían innumerables las voces reclamando un nuevo marco regulatorio y nuevos/más impuestos al mercado financiero mundial. Salvo alguno de los gobiernos más populistas que aprovechó para avanzar en la estatización de su mercado, para engrosar bolsillos y someter a los opositores, hoy, al calmarse las aguas esos clamores se han desvanecido hasta prácticamente desaparecer del escenario internacional. Afortunadamente los pocos pasos que se tomaron en este sentido se vieron neutralizados por la clásica ineficiencia y lucha de poder de los reguladores, lo que ha permitido la recuperación del sistema financiero sin grandes problemas. El caso paradigmático en este sentido se da en Europa con el fracaso en la implementación de la AIFMD y la ESMA de 2011 (el impuesto a las transacciones financieras está empantanado en la Comisión Europea que no llega a definir que es una "transacción financiera"). Lo de "afortunado" es porque existe entre los intermediarios financieros un consenso (68%) sobre el daño que pueden producir medidas de este tipo al mercado y en particular porque forzarían a muchos de ellos (61%) a migrar su domicilio si las nuevas regulaciones son efectivamente implementadas. El problema es que tanto el impuesto como las nuevas medidas incrementan los costos de intermediación, reducen la competencia y aumentan la ineficiencia del sistema, por lo que sólo los intermediarios locales más grandes las apoyan, al acecho de la caída de los competidores para expandir sus negocios (Alternative Investment Fund Managers Directive Survey; Deloitte). Sobre la inoperancia del Nasdaq podemos decir tanto, que preferimos quedarnos con la idea de que fue "un papelón". Un papelón que contribuyó al 0,44% que ganó el Dow al cerrar en 14.963,74 puntos.

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