25 de noviembre 2013 - 00:00

Un paso que tuerce la balanza del poder en Medio Oriente

Los iraníes celebraron ayer la noticia del entendimiento y manifestaron su esperanza de una mejora en la economía del país, sacudida por la inflación (35%) y el desempleo, una  situación adjudicada a la implementación de sanciones.
Los iraníes celebraron ayer la noticia del entendimiento y manifestaron su esperanza de una mejora en la economía del país, sacudida por la inflación (35%) y el desempleo, una situación adjudicada a la implementación de sanciones.
Dubái - Un acuerdo internacional preliminar sobre el programa nuclear de Irán podría inclinar el balance de poder en Medio Oriente hacia Teherán, después de dos años de revueltas populares que han debilitado a naciones árabes líderes.

El acuerdo de ayer abre la puerta para una distensión en la confrontación entre Estados Unidos e Irán, que ha durado casi tanto como la Guerra Fría entre Washington y Moscú, alarmando a gobernantes de Israel y del Golfo Pérsico, que temen una nueva hegemonía regional muy hostil a sus intereses.

El acuerdo para limitar pero no acabar con el enriquecimiento de uranio de Irán tiene implicaciones mucho más allá de la proliferación de armas en una región crítica para el mundo por sus reservas petroleras.

Para algunos Estados árabes que ven a Teherán como el buscapleitos regional, y para Israel, que considera a Irán una amenaza mortal, el acuerdo de Ginebra significa que no lograron disuadir a Washington de un camino que sospechan terminará mal.

Irán se volverá más rica y poderosa con el alivio y el eventual levantamiento de las sanciones que frenaron a su economía, alentando a sus gobernantes islámicos a incrementar el apoyo a sus aliados musulmanes chiitas en países árabes, sostienen los críticos del acuerdo.

En contraste, los que respaldan el pacto dicen que una reconciliación entre los dos países que estuvieron distanciados durante tanto tiempo podría ayudar a estabilizar una región en agitación y reducir las presiones sectarias que han enfrentado sangrientamente a los chiitas con los musulmanes suníes.

La desconfianza ha sido mutua, como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial con Occidente y la Unión Soviética.

Estados Unidos e Irán no tienen lazos diplomáticos oficiales desde 1980, luego de que estudiantes iraníes ocuparan la embajada estadounidense en Teherán tomando a 52 diplomáticos de rehenes en protesta contra de la admisión por parte de Washington del ex Shah, que había sido derrocado por la revolución islámica.

Con los históricos centros de poder árabes de Egipto, Siria e Irak debilitados por levantamientos y conflictos sectarios, el nuevo comienzo con Teherán surge como una victoria potencial para EE.UU. en su búsqueda de un éxito diplomático.

"Si las negociaciones continúan y siguen funcionando, y las sanciones lentamente son levantadas, eso revivirá la economía de Irán y eventualmente a su movimiento liberal, y creo que poco a poco veremos progreso social y político en el país", dijo Rami Khoury, de la American University of Beirut.

"En el corto plazo alienta la cooperación entre Estados Unidos e Irán para intentar lidiar con Siria y parar la violencia allí. En este momento hay una amenaza común en desarrollo: los militantes sunnitas, que bombardearán a los iraníes, a EE.UU., como hemos visto, así que son los enemigos de todos en este momento", agregó.

Los expertos afirman que los países del Golfo Pérsico intentarán armar una estrategia diplomática y de seguridad con aliados para reducir su vulnerabilidad ante una renaciente Irán.

La principal preocupación del Golfo Pérsico es la idea de que los funcionarios iraníes moderados que negociaron el acuerdo nuclear no son los hombres de línea dura a cargo de lo que ven como una intervención chiita en países árabes sunnitas. Esas fuerzas siguen siendo dominantes en las Guardias Revolucionarias y en los servicios de inteligencia.

La noticia de que altos funcionarios estadounidenses mantuvieron charlas bilaterales secretas con sus contrapartes iraníes en los últimos meses para preparar el acuerdo nuclear podría exacerbar los miedos de los gobernantes del Golfo Pérsico de que Washington está dispuesto a cerrar un acuerdo con Irán a sus espaldas.

Muchos gobiernos del Golfo Pérsico sospechan que el mismo factor que impulsó décadas de compromiso de Estados Unidos con ellos es el mismo que lleva a Washington a acercarse a Teherán: los negocios. "Estados Unidos tiene sus intereses; Irán es un mercado lucrativo".

"Los iraníes necesitan un montón de infraestructura que podría generar miles de millones de dólares a empresas petroleras de EE.UU. y el Reino Unido", dijo Abdullatif al-Mulhim, un comodoro de la armada saudita retirado que ahora es periodista.

Agencia Reuters

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