La política israelí de construir asentamientos comenzó luego de la Guerra de los Seis Días en 1967, tras la que pasó a controlar Cisjordania, Gaza, Jerusalén Oriental y los Altos del Golán.
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El ex premier Ariel Sharon ordenó en 2005, en medio de una fuerte polémica nacional, el desmantelamiento de los asentamientos o colonias de la Franja de Gaza, en los que vivían unos 8.500 israelíes entre 1,5 millón de palestinos.
Los Altos del Golán están sujetos a una eventual negociación de paz con Siria, por lo que el eje del debate actual se circunscribe a Jerusalén Este y Cisjordania.
En esas tres regiones la población de los asentamientos llega a casi 400.000 personas, 250.000 de las cuales se concentran en Cisjordania.
El caso de Jerusalén tiene en Israel un elevado nivel de consenso, ya que la ciudad fue declarada por ley en 1980 «capital eterna e indivisible» del país.
El anterior Gobierno de Ehud Olmert pretendía negociar algunos territorios israelíes a cambio de las zonas de Cisjordania que concentran los mayores bloques de colonias, pero el nuevo premier, Benjamín Netanyahu, difiere.
El congelamiento de la construcción dentro las colonias existentes (que defiende Netanyahu) y de nuevos asentamientos es una precondición para el diálogo, según los palestinos, que reclaman para su futuro Estado, además de Gaza, la totalidad del territorio cisjordano y Jerusalén Este.
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