No quedaba otra, frente a un contexto estable en su mediocridad de estímulos, que repetir la estrategia que le fue afín al recinto porteño a lo largo de la semana: achicar hacia atrás, dejar muy escaso terreno para las transacciones, con defensores -oferta- sumamente aplicada en no intentar desbordar las magras posibilidades de demanda. Así, se reiteraron jornada de $ 22 millones de efectivo y rematando con el viernes, que llegó a rozar los $ 26 millones. Totalmente falto de respaldo en el volumen, lo conseguido en precios quedó para adornar la estadística. Nadie puede saber, con alguna certeza, dónde están paradas esas componentes de las 12 principales, si es que -en algún momento- se vieran acosadas de ventas. Pero sirvió: las cuentas semanales -aquí con solamente cuatro ruedas- dijeron que el Merval se sostuvo en la neutralidad casi total -un 0,04% de baja-, frente a Dow Jones que retrocedió el 0,88% y el Bovespa en el 1,11%. La clásica maniobra defensiva salió victoriosa, con el sabor agridulce de ser como «la paz de los cementerios». Si un mercado no abre nada sufre variaciones; si apenas consigue abrir, el resultado es parecido. Final con aumento del 0,66% en el índice mayor, con diferencias de un «2 x 1» en favor de las especies con alzas («52» a «27») y muchas de las plazas alimentadas apenas con las migas.
La estrategia es apta, útil, hasta elogiable, para utilizar en tramos cortos. En el fondo, pensar que el mercado se establezca en tal promedio de negocios resultaría malo para todos, incluido el propio sistema bursátil que vive de los «derechos» (Merval, Bolsa, agentes). Afuera, solamente los devaneos del «podrían» (en cuanto a supuestas medidas), y un desierto. La Bolsa, apechugó.
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