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Una bomba atómica estalla en el sistema político brasileño
• EL ARRESTO DEL LÍDER DE IZQUIERDA DESQUICIA TODOS LOS PRONÓSTICOS PARA LOS COMICIOS DE OCTUBRE
Sus abogados le dijeron a Ámbito Financiero que la reclusión “no durará menos de un mes ni más que algunos meses”. La constitucionalidad de la ejecución anticipada de condenas volverá al Supremo.
A SEGUIR. El ultra Jair Bolsonaro se beneficia con el actual escenario.
Weber, alguien capaz de fundamentar de modo impecable que es de día a las doce de la noche, merece un párrafo para ella sola. En 2016 votó contra la prisión anticipada, mientras que el último miércoles respaldó la continuidad de esa jurisprudencia y, a la vez, sugirió un voto futuro en contra de ésta. Es decir que, alegando la necesidad de que Brasil tenga "certezas", avaló que un ciudadano, Lula en este caso, pierda su libertad en virtud de lo que ella misma considera una violación de la Constitución. El mundo jurídico brasileño actual tiene razones que la razón no entiende.
Mientras, la defensa espera que haya novedades antes del reemplazo de Cármen Lúcia por Dias Toffoli si es que algún magistrado se anima a reclamar la inclusión del tema de fondo en una sesión. Se viene un juego muy fuerte de presiones que excederán largamente lo jurídico.
En medio de la confusión, lo que luce más claro es el futuro político de Lula, valga el oxímoron.
Será enorme el impacto de ver privado de su libertad al gran símbolo de los gobiernos progresistas y populistas que dominaron la política sudamericana de comienzos de siglo, algo que en el corto plazo supondrá un elemento desestabilizador para el sistema político brasileño. En términos más claros: sin Lula en la cancha, casi cualquier cosa puede salir de los comicios de octubre y cabe interrogarse, aun corriendo el riesgo de una anticipación exagerada, por la ilegitimidad que "medio Brasil" le achacará a un presidente surgido de un juego que considera amañado y proscriptivo.
El analista Paulo Kramer le dijo desde Brasilia a Ámbito Financiero que "para el mercado financiero, un Lula impedido de competir o, incluso imposibilitado de hacer campaña, es más importante que un Lula preso. Pero claro que la perspectiva de la prisión torna aquellas dos perspectivas todavía más remotas".
En un sentido, Lula es víctima de sí mismo. Su inhabilitación como candidato es una obra suya. Fue él quien, seis meses antes de dejar el poder en 2010, hizo suya una iniciativa popular tendiente a quitarles los derechos políticos a los condenados por delitos contra la administración pública. Ésta, que recibió más de un millón y medio de votos, fue aprobada en el Congreso por una mayoría calificada y con el apoyo militante del Partido de los Trabajadores. Lógicamente, Lula la promulgó con su firma. Por más que la norma, llamada de "ficha limpia" y aplicada sin mayores cuestionamientos desde entonces, resulte también conflictiva con las ideas de presunción de inocencia (hasta sentencia firme) y de soberanía popular, ¿cómo haría ahora el líder de la izquierda para impugnarla?
Su salida de la carrera no implica, con todo, que abandone la campaña. Aun preso, Lula será un factor político importante. Su encarcelamiento seguirá despertando polémicas y su probable endoso de una postulación alternativa, dentro del PT o en el ecosistema más amplio de la izquierda brasileña, tendría un peso grande. ¿Será suficiente su dedo para meter a un elegido en un segundo turno, dada la extrema fragmentación de la intención de voto que muestran los sondeos?
De acuerdo con Kramer, "lo que importa ahora es discernir cuál será la preocupación que tendrá mayor peso en la decisión de los electores. ¿Será la economía, el combate a la corrupción o la seguridad pública? En ese sentido, el experto apunta a la derecha. Muy a la derecha.
"El discurso de Jair Bolsonaro conjuga la segunda y la tercera de esas cuestiones", señaló en referencia a quien marcha segundo en todos los sondeos y, sin Lula, pasa de hecho al frente. El diputado de ultraderecha "aparece bien posicionado, al frente de los virtuales adversarios de centro, ninguno de los cuales todavía se ha mostrado capaz de presentar una candidatura viable y atractiva". Pero ese escenario podría cambiar con la irrupción de algún "outsider", arriesga.
El juego termina para Lula. Para Brasil, recién comienza.

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