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Una Borgia descollante
Ambientada en el mundo de la mafia de entreguerras (todo régisseur tiene razones que la razón no conoce), la “Lucrezia Borgia” de BAL satisfizo por sus voces, por el Coro y la orquesta.
No faltan en esta producción de Buenos Aires Lírica dos puntales sin los cuales cualquier puesta en escena de "Lucrezia Borgia", la opera de Donizetti, está destinada al naufragio: una dirección musical segura y ágil y un elenco sólido. El argentino Jorge Parodi, director afianzado en los Estados Unidos, dirige por primera vez una ópera en su país y lo hace con sabiduría y eficacia. Su concertación es admirable, su conexión con escenario y el foso es permanente y logra el difícil equilibrio de que la trama orquestal fluya y que al mismo tiempo los cantantes desplieguen sus líneas con comodidad (o al menos eso se advierte desde la platea). La agilidad de sus tempi, nunca precipitados, brinda fluidez a la acción.
El reparto está noblemente encabezado por Florencia Fabris. En el difícil papel de la envenenadora de Ferrara, la soprano argentina pone en juego sus recursos vocales notables y exhibe una línea de canto bella, uniforme y expresiva; también lo es su actuación, intensa y concentrada. A su lado descuellan Darío Schmunck, un Gennaro de canto refinado y entrega teatral, y Christian Peregrino, un lujo como el duque Alfonso. Los comprimarios están cubiertos impecablemente por Mauro Di Bert, Norberto Marcos, Sergio Carlevaris, Fernando Álvar Núñez, Santiago Ballerini, Walter Schwarz y Darío Leoncini y el Coro preparado por Juan Casasbellas vuelve a tener una actuación destacada, potente y precisa.
Muy bien complementada en los rubros de vestuario (Lucía Marmorek), iluminación (Rubén Conde) y escenografía (Nicolás Boni), la puesta del israelí Tomer Zvulun lleva la acción al período de entreguerras y al mundo de la mafia en el cual Lucrezia debe desenvolverse. Pero como en tantos casos- esa traslación temporal pretende emparchar la falta de un concepto, de una lectura, y así lo anecdótico y superficial no llega a satisfacer, como tampoco lo hace una marcación actoral notablemente despareja.


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