31 de mayo 2011 - 00:00

Una clave: no hay quién decida gastar más

Bruselas (enviado especial) - «Cada mañana, todos nos levantamos y sabemos qué tenemos que hacer. Desde los empresarios, los jueces y los funcionarios administrativos hasta la clase trabajadora», asegura Jean Marie Lospin, empleado de las cortes de Justicia y uno de los encargados de redactar los decretos con que se ha gobernado Bélgica en el último tiempo.

Durante todo el largo período sin Gobierno, prácticamente no hubo protestas masivas. Los jóvenes fueron los que en algún momento le pusieron color a la situación, protagonizando «comidas de papas fritas» frente al Parlamento pidiendo que se les devolviera el dinero de los impuestos en caso de acefalía. Otro llamado de atención fue la decisión de algunos de dejarse crecer la barba hasta que se formara una nueva administración.

El estéril esfuerzo de los estudiantes para movilizar al país es probablemente la expresión más clara de cómo la inmensa mayoría del país ha asistido sin mayor inquietud a esta situación. La respuesta a la pregunta de cómo vive un país sin Gobierno hace justamente a las causas por las que la Bélgica actual puede ser un proyecto político imposible: el país ha transitado un cuarto de siglo como una confederación entre dos entidades político-institucionales diferentes, la flamenca y la valona, que hoy directamente parecen al borde del divorcio. Sin embargo, no hay un solo indicio en la vida cotidiana de los belgas en el que este conflicto se palpe o que provoque dificultades para el normal funcionamiento institucional.

La clave del manejo administrativo del país reside en el Presupuesto, que en lugar de ser anual, como es habitual, es quinquenal. Así, el Presupuesto para 2011 fue aprobado en realidad en 2007, y sólo se le realizaron reajustes en 2008, 2009 y 2010. Desde 2009, rige el Presupuesto plurianual aprobado en oportunidad de la crisis financiera y económica, que fue luego aplicado por Didier Reynders (ver nota aparte).

Distribución

Anualmente, el Parlamento avala este Presupuesto, y luego los ministros reciben el dinero que se encargarán de administrar. Estos pasos se mantienen inalterables, aunque no hay Gobierno efectivo. Estas partidas que administran los ministerios se llaman «doceavas administrativas» y cada cartera es soberana en el uso de cada una.

«Así funciona todo, desde la aplicación del ajuste hasta que los trenes sigan saliendo en horario», asegura Yves Milicien, funcionario del Ministerio de Educación.

En ésta, los ministros no están autorizados a adoptar «nuevas iniciativas». La prohibición de actuar en tiempos de precariedad presupuestaria es lo mejor que puede ocurrirle hoy a este país. En concreto, fueron los funcionarios de línea o burócratas los que administraron las partidas que les corresponden por el Presupuesto. En la práctica, incluso, hasta hubo un ahorro en el gasto con este tipo de gestión.

Pero también se producen problemas. En primer lugar, no se producen nombramientos, y los funcionarios actuales se mantienen en sus puestos sin movilidad. Se dice que hay más de 8.000 promociones y nombramientos paralizados y unos 600 cargos vacantes, muchos de ellos de importancia.

Por ejemplo, los cargos de jefes generales de seguridad ciudadana están vacantes, con lo que la Policía y los bomberos se manejan según las autoridades competentes vigentes, pero sin lo que en el caso argentino significaría un Ministerio de Seguridad. De todas maneras, no se registró en el período ningún aumento de la inseguridad ni incendios o accidentes de tránsito de consecuencias más graves que las habituales. De hecho, se asegura que los belgas han tenido un comportamiento general particularmente bueno.

Tampoco hay un ministro de turismo, un cargo que en Bélgica es más que importante, teniendo en cuenta que ese sector representa casi el 20% de los ingresos nacionales. No sólo no hubo una disminución en la cantidad de visitantes, sino que, al contrario, las autoridades de Brujas, la ciudad más visitada por los extranjeros, acaban de anunciar que se produjo un incremento interanual del 17% en el primer trimestre de 2011.

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